jueves, 9 de diciembre de 2010

Nuevo Capitulo " Vampiro blanco busca....."

Capitulo 8

Edward amaba la televisión. No sabía porque que el prejuicio le hubiera impedido intentarlo hasta ahora. La TV era una invención maravillosa. Era como un mini escenario con pequeños actores. Y que actores. En las últimas tres horas había visto una película en la que actuaba un tipo llamado Monty Python… ¿o era el personaje?
De cualquier modo, la habían visto primero. Cuando terminó, Chris examinaba una guía de televisión cuidadosamente cuando exclamó:
— Sí, Un maratón de Black Adder. —Y es lo que habían visto desde entonces. Era un gran espectáculo. Maravilloso y divertido. Edward no se había reído tanto en años.
— Han desordenado toda la historia, pero es realmente gracioso. —Anunció, tratando de alcanzar una nueva cerveza del pack de seis en la mesa del café.
Chris estalló en risas, luego paró bruscamente, abriendo mucho sus ojos.
— Oh, Dilo. Bella me va a matar.
Edward arqueó sus cejas.
— ¿Por qué?
— Porque, se suponía que te haría observar la moderna televisión Americana, para ayudarte con tu pronunciación. —Deliberó por unos minutos antes de encogerse.— ¡Que diablos!. Es un poco tarde para tratar de cambiar tu pronunciación, de cualquier forma.
Edward asintió distraídamente. La mención de Bella le hizo recordar sus acusaciones anteriores. Había dicho que hablaba de manera antigua. Edward suponía que lo hacía; era difícil tratar de cambiar sus patrones de dicción. Había nacido en Suiza en 1390. Sus padres se habían mudado muchas veces en esos días, pero fue ahí donde fue concebido y donde nació. Se habían mudado a Inglaterra, y había aprendió a hablar ingles del Rey. A pesar de todos los países donde había vivido desde entonces y todas los idiomas que había aprendido y hablado, todavía tenía y probablemente tendría por siempre ese leve acento y hablaría de la manera que le habían enseñado.
¿Qué más había dicho? Recordaba algo acerca de un tal Ángel. ¿Qué se veía como si quisiera ser Ángel? ¿Qué había dicho exactamente? Su voz había sido demasiado gruñona para ser un cumplido. Quitó su mirada de la pantalla de la televisión hacia Chris.
— ¿Quién, o qué es querer ser Ángel?
Chris le devolvió una expresión en blanco.
— ¿Huh?
— Bella dijo que parecía que quisiera parecerme a Ángel. —Le recordó Edward. La comprensión inmediata iluminó la cara del joven editor.
— Oh, sí. Bueno tu sabes Ángel. ¿Buffy y Ángel? ¿Vampiro y Caza vampiros? Oh, eso es. Tú no ves televisión, así que no sabrás. —Dijo finalmente.— Bueno, Ángel es un vampiro, ves. Y él es o era el novio de Buffy la caza vampiros. Pero ahora él tiene su propio programa.
— ¿Caza vampiros? —Preguntó Edward con desaliento. ¿Todavía habían de esos? Dios mío, había pensado que esos locos habían muerto un siglo atrás. La vida había estado un poquito tensa por un tiempo. Él y su familia habían tenido que ser terriblemente cuidadosos o más de lo usual. Siempre habían sido cuidadosos. Sus propensiones naturales los habían hecho blanco muchas veces sobre los siglos. Muchos habían sido quemados en estacas como brujas durante la inquisición y cuando Stoker había salido con su maldito libro, los caza vampiros habían salido por todas partes. Había sido una maldita molestia. Y espeluznante, también. Su familia realmente solo había comenzado a relajarse desde el advenimiento de bancos de sangre, lo cual había disminuido a vampiros cazando y ser cazados. Ahora parecía una falsa seguridad. Todavía había cazadores ahí afuera.
Bueno no había nada que pudiera hacer por el momento, aunque intentaría advertir a su familia. Se lo mencionaría a Jacob cuando su hermano llamara de nuevo.
Edward volvió a otra acusación que Bella había hecho.
— ¿Porque te llamaron así?
— No lo sé quizás habría que preguntárselo a mi madre no crees???
Chris asintió.
— Ah. —Chris asintió.— Es un buen nombre. No dejes que lo que te diga Bella te moleste. Lo que pasa es que últimamente esta descontenta. Trabaja demasiado duro. —Hizo señas hacia la caja de pizza en la mesa.— ¿Todavía queda algo?
Edward se inclinó y vio que quedaban todavía dos porciones de la especial come - carne que encargaron. Tomó una y le dio la caja a Chris.
Además de la televisión, la pizza era algo nunca había probado. No era algo que sirvieran en los restaurantes gastrónomos que frecuentaba. Edward empezaba a preguntarse si sus maneras snob le estaban haciendo perder muchos placeres que él verdaderamente podría disfrutar. Nunca había sido un gran fan de la cerveza, pero había sido agradable tomarla con la pizza. Había sido mejor con los cacahuetes que Chris había corrido a comprar. Había sido divertido abrir la cáscara de los cacahuetes y esparcirla por todo el lugar.
Edward se inclinó sobre la mesa de café con interés. Estaba llena de latas vacías de cerveza, cáscaras de cacahuetes, platos de cartón usados y servilletas. Al principio había intentando limpiar al ir comiendo, su fastidiosa naturaleza lo impulsaba, pero Chris le dijo que se detuviera, que estaba bloqueando la televisión. Ahora Edward se encontraba cómodo entre tanto desorden.
Su vista se deslizó curiosamente hacia su acompañante. El amigo editor de Bella era un tipo interesante, en su mayor parte con buen carácter pero con un ingenio cáustico raro en alguien tan joven. Edward había aprendido que el hombre tenía más de veinte, un bebe en comparación con sus años, aunque el editor probablemente se resentiría de que él pensara así. A pesar de eso, Edward disfrutaba de su compañía.
Sin embargo se había encontrado mirando el cuello del hombre por más de una hora. Ahora que había comido comida normal y satisfecho su hambre más natural, la entrega de sangre faltante estaba empezando a molestar a Edward. Había llamado a Jacob dos veces desde su dormitorio pero no obtuvo respuesta ninguna vez. Su hermano nunca estaba en casa. Pero esa era la naturaleza de Jacob.
Su hermano menor trabajaba duro, jugaba duro y corría en horas escalonadas, algunas veces trabajando en las noches en la compañía de la familia. Jacob era el hijo que había tomado las riendas de Argent Inc. después de la muerte de su padre. Jacob nunca se interesó. Siempre prefirió las artes alternando entre pintura y escribir los últimos cientos de años.
En contraste, Jacob siempre había disfrutado del manejo y la negociación del negocio. El chico había trabajado en la compañía familiar durante casi toda su vida adulta y era bueno en eso. Jacob era el que había convencido a su padre en diversificarse del cultivo y el embarque a una producción del siglo dieciocho. Él era también él que había decidido que debían de alimentarse de bancos de sangre. Jacob era un pensador innovador.
También era un condenado duro de rastrear. El negocio familiar a menudo lo llevaba a viajes inesperados a países extranjeros por períodos indefinidos. Edward a menudo no sabía donde estaba su hermano menor o cuando regresaría. Jacob podría simplemente haber salido a cenar cuando llamó, o estar de camino a Europa para manejar un problema de las oficinas centrales. Cualquiera que fuera el caso, recibiría el mensaje de Edward y le devolvería la llamada tarde o temprano. Pero Edward tenía hambre ahora.
Su mirada se deslizó a la garganta de Chris de nuevo. El editor tenía un pulso saludable. Edward probablemente podría sacar una pinta de él sin dañarlo. Por supuesto, sería sangre alcoholizada, se dio cuenta tristemente. Y su propia sangre tenía una porción considerable de alcohol. Frunció el ceño, pero su mirada permaneció en el cuello del otro hombre. Chris se rió de algo que pasó en la última obra teatral satírica negra. Edward no vio la televisión; estaba hambriento.
El anhelo por la sangre no era como el de la comida. Era algo similar a la sed, pero no era solo la boca seca. Su piel parecía arrugarse y picaba con necesidad de alimentación.
Sabía que no estaría tan mal si no hubiera estado a pleno sol. La caminata desde el coche al aeropuerto fue corta pero el aeropuerto era todo vidrio y había tenido un asiento en el pasillo del avión así que le fue imposible cerrar la persiana. Había estado atorado con el sol dándole directamente. El sol era peligroso para su especie. Causaba daño en todos, por supuesto gente de su propia especie y humanos también. Pero su cuerpo, su sangre reparaba constantemente eso y otros daños diarios, y los rayos del sol gastaban mucho sus reservas a un paso acelerado y dejándolo peligrosamente deshidratado, trayendo una sed que ninguna cantidad de agua podía curar. Solo sangre.
— ¿Que haces?
La pregunta de Chris le hizo darse cuenta que se movió y estaba detrás del hombre. El editor se volvió en su asiento mirándolo curiosamente.
Nada. Estoy sentado en el sofá. Ve el programa, le ordenó Edward, deslizándose dentro de la mente del hombre con poco esfuerzo y tomando el control.
— Ve el programa. —Repitió el editor, y se acomodó en su asiento.
Edward sonrío. No había perdido la habilidad de meterse en las mentes de otros y tomar el control. Su incapacidad para hacerlo con Bella le había preocupado de que hubiera olvidado como hacerlo. No lo había olvidado por supuesto. Lo que quería decir que Bella era de mente fuerte y fuerte temperamento. Individuos que su madre juraba que eran...
Edward apartó el pensamiento. Pensar en Bella en este momento le produjo culpa. Él contemplaba cenar de su compañero, después de todo y sabía que no le complacería.
Su vista permaneció en el hombre al sentarse y fácilmente se introdujo en los pensamientos del editor, buscando cualquier cosa referente a Bella. Se sintió aliviado al encontrar nada más que amistad y cariño. Chris y Bella nunca habían tenido algún tipo de relación. Eso era bueno. A Edward le agradaba el joven. No le hubiera gustado si hubiera estado involucrado en algún tipo de relación con Bella.
Edward procedió a borrar los pensamientos de Chris, forzándolo a concentrarse en el programa de televisión. No se dio cuenta que Edward le acomodaba la cabeza para mejor acceso a la carótida.
Edward se inclinó. Solo lo mordería un poco, tomar solo la sangre suficiente para apagar lo peor de su sed. Solo un poco.
* * * * *
Bella se bajó del ascensor y comenzó a caminar por el pasillo con alivio. Había pasado las últimas horas involucrada en un conversación sobre compras, reconfortando y alabando a sus diversos escritores en la fiesta. Todos ellos eran maravillosas mujeres, pero tenían poco contacto personal con ella, entonces cuando tenían la oportunidad de verla en persona todas estaban deseosas. Aunque eran agradables los encuentros eran mental y emocionalmente agotadores, y Bella no podía esperar a regresar a la habitación y relajarse.
Pensó en Edward. Quitándose el sombrero, deslizó sus manos por su cabello. Había sido innecesariamente mezquina con él esa mañana. Su única excusa era la frustración y el cansancio. Estaba frustrada porque había logrado conseguir al hombre para el congreso y ahora estaba preocupada que hiciera más daño que bien. Y había trabajo las últimas horas del último mes tratando de seguir adelante para que su ausencia esta semana en la Conferencia no fuera un problema. Añadido a eso, había estado nerviosa todo el tiempo, preocupándose si Edward se presentaría o no.
Bella suspiró y buscó su llave en el bolso. Sería más agradable con él para compensar su anterior irritabilidad. Después de todo, no era su culpa que le pusieran el nombre de productos lácteos, fuera tan blanco como el papel la mitad del tiempo o hablara de una manera tan pasada de moda. Había sido engañado para dar su palabra de que asistiría, luego había mantenido su palabra. No era tan malo. Era...
Un pervertido. Ese fue el primer pensamiento de Bella al abrir la puerta de la habitación de tres dormitorios. No podía creer lo que sus ojos veían. No estaba segura como al principio de lo que sus ojos veían. Chris estaba sentando en la silla y Bella podría jurar que estaba viendo la televisión, pero Edward estaba sobre él, con un brazo alrededor de su hombro y lo bajaba hacia su pecho al enterrar su cara en el cuello del editor.
Bella tragó aire con horror. Edward Cullen era homosexual: y le hacía insinuaciones amorosas a su compañero de trabajo.
— ¿Qué demonios estás haciendo?
Edward se enderezó abruptamente y se volvió para mirar hacia la puerta donde Bella estaba pasmada. Su primer pensamiento fue, uh-oh. El segundo que era una maldita vergüenza que fuera resistente al control mental, porque lo habría utilizado si pudiera. Luego el teléfono sonó.
Le llevó un momento a Edward reforzar el control sobre Chris para que el editor no escuchara ni viera lo que estaba pasando; era mejor no liberar su mente hasta que Edward supiera como iba a explicar esto. Desde luego Bella parecía incapaz de moverse en ese momento, la dejó parada a un lado de la puerta y caminó hacia el dormitorio a contestar el teléfono. Esperaba que fuera Jacob.
Como había esperado era la voz de su hermano en el teléfono. Aunque la oportunidad apestaba. Si su hermano hubiera hablado una hora antes, Edward podría haber controlado su deseo de sangre y evitar la escena en el otro cuarto. ¿Cómo demonios iba a explicarle esto a Bella?.
— ¿Edward? ¿Edward?
Se rindió y le prestó atención a Jacob.
— ¿Dónde estás? —Preguntó.
— Estoy en Europa. Recibí tu mensaje, pero no me dijiste cual era tu problema. ¿Qué...?
— Cuelga el teléfono. —Bella estaba repentinamente a su lado. Debería de haber cerrado la puerta. Parecía que se había recuperado de la impresión y a juzgar por la impresión, no era una campista feliz.
— Un momento Bella. —Edward le frunció el ceño.— Ve a esperar en el otro cuarto.
— No. Quiero hablar contigo. Ahora. —Bella agarró el teléfono, pero Edward se marchó dando media vuelta, moviéndolo fuera de su alcance.
— Mira Jacob. Yo... —Hizo una pausa y clavo los ojos en el teléfono después de escuchar un chasquido en la oreja.
— ¿Qué le estabas haciendo a Chris?
Edward se volvió.
— Colgaste el teléfono. —Miró boquiabierto a Bella.
— Tienes toda la razón. —Siseó. Miró hacia el otro cuarto. La risa grabada de Black Adder se escuchaba en el fondo. Lo encaró y acusó en un rudo susurro— Te dejo solo por algunas horas y regreso para encontrarte haciéndole insinuaciones amorosas a mi amigo. Para tu información, no es homosexual, así que estás perdiendo tu tiempo. No puedo creer que actúes de esta manera, pero vas a tener que explicarte ahora mismo.
Edward se echó para atrás como si ella lo hubiera golpeado.
— No le hacía insinuaciones amorosas a tu amigo. ¿Qué tipo de hombre crees que soy?
— Bueno, ¿Por qué tipo de hombre tengo que tomarte? Nunca mostraste un poco de interés en mi, y regreso y te encuentro sobre de Chris.
Edward se la quedó mirando por un momento, luego colgó el teléfono muerto en su soporte. Tomándola por la muñeca, tiró de ella hacia sus brazos. Bella dejó escapar una bocanada de aire por la sorpresa antes de que su boca cubriera la suya.
No fue un beso suave, tentativo. Edward tenía algo que probar. Además, la deseaba desde hacía tanto tiempo que no hubiera podido ser suave aunque quisiera. El beso era demandante; devastó su boca, forzando a abrir sus labios para empujar su lengua dentro, su cuerpo se aferró a su sabor. Era dulce y caliente como se había imaginado.
Y ella esta dispuesta. Oh, no al principio. Al principio Bella estaba tiesa y quieta en sus brazos, pero luego dio un gemido de rendición y se derritió contra él, su cuerpo adherido como un suave suéter.
Sus pechos rozando su pecho al deslizar su brazo libre para ponerlo alrededor de su cuello e inclinar ligeramente la cabeza para poder devolverle el beso.
Solo sirvió para avivar la llama del deseo de Edward. Olvidando su intento original para probar que no era homosexual, soltó su muñeca y deslizó sus brazos alrededor de ella. Dejando deslizar sus manos por su espalda hasta su trasero en forma de corazón, rodeó esas curvas redondas y la elevó contra él hasta que estuvo ingle contra ingle. Luego giró sus caderas para presionar las de ella. Bella era tibia como el sol en sus manos, arqueándose y contorsionándose contra él hasta gemir. Su boca se abrió, luego chupó la suya casi frenéticamente.
— Edward. —Dijo jadeando su nombre en señal de protesta cuando él se detuvo para echar un vistazo alrededor. Pero Edward no se detenía. No tenía intención de detenerse; solamente quería saber donde demonios se encontraba la cama. Quería tocar más de ella. Quería tomarla. No la tocaría ni la tomaría mientras estuvieran parados.
Viendo la cama directamente detrás de Bella, se dejaron caer en la cama, su cuerpo presionado intensamente con el de ella y bajó su boca para besarla de nuevo. Bella se relajó de inmediato, sus manos deambulando por su espalda y sus brazos. Edward la sintió tirando de su camisa, haciendo un intento consiente o inconsciente de sacarla de sus pantalones, y estaba repentinamente agradecido de que se hubiera quitado la chaqueta y la corbata antes. Así había menos que quitar.
Bella por supuesto, tenía mucha ropa. Decidió ayudarla con ese problema; pero cuando empezó a romper el beso, protestó con un fuerte gemido y clavó sus garras en su trasero, tratando de retenerlo en su lugar.
Edward se rió ahogadamente en su boca, complacido con su pasión. Le dio otro profundo beso, llenando su boca con su lengua, luego abstrayéndolo en imitación de lo que vendría. Rompió el beso y dio pequeños mordiscos hacia su barbilla, a través de su garganta al empezar a trabajar en los botones de su blusa. Vaciló al encontrarse con sus labios y se detuvo en la vena pulsante de su garganta. Podía sentir la excitación en su sangre, casi podía probarla. Quería morderla. Quería alimentarse. Pero esperaría. Tomaría su sangre al tomar su cuerpo. Ambos encontrarían el éxtasis de esa manera. Sería mejor esperar.
Edward dejó que su boca se moviera, besando la tierna carne de Bella hasta alcanzar las redondas puntas de sus pechos sacados del sujetador. Sus manos habían estado ocupadas. Su blusa estaba abierta hasta donde estaba metida en sus pantalones. Edward se levantó, poniendo las rodillas a cada lado de su cadera, y liberó la blusa abriéndola totalmente para que descansara a cada lado de ella. Yacía desnuda excepto por su sostén blanco de algodón.
Edward había visto muchas mujeres en diversos estados de desnudez. Había visto mujeres en corsés que habían hecho que sus dedos se enroscaran, en sigilosos negligés franceses que lo habían dejado sin aliento, en pequeñas cantidades de ninguna cosa que realmente podría ser llamada ropa; pero nunca pensó que vería algo tan sexy como Bella con su sostén de algodón. Su sombrero vaquero se había volcado completamente a un lado de ella, su cabello era un desorden enmarañado alrededor de sus mejillas sonrojadas, y sus ojos estaban adormilados con deseo. Quería comérsela. Quería tomarla en su cuerpo y mantenerla ahí por la eternidad. Quería a Bella.
Bella se movió debajo de él, sus manos llegando a la pluma sobre su barriga a través de su camisa y Edward a regañadientes dejo de mirarla. Inclinándose hacia adelante, la cogió por los brazos y tiró de ella hasta quedar sentada; luego la besó al resbalar sus manos alrededor para desabrochar el sostén. Lo había destrozado, pero sería una vergüenza no volver a verla con ese sostén.
Bella no se quedó inactiva mientras él trabajaba. Terminó de sacar su camisa del pantalón y recorrió sus manos debajo de la camisa, sobre su dura espalda, luego alrededor de su pecho.
Edward sonrío contra su boca. Soltó el último broche y sintió la tela resbalarse. Rápidamente se quitó la camisa, la empujó sobre la cama y quitó el sostén para poder verla apropiadamente.
— Perfecta. —La palabra salió de sus labios al alcanzar sus pechos. Bella gimió y arqueó la espalda, presionando, buscando su toque. Era todo el apuro de Edward; necesidad; cambió de posición para tomar un perfecto pezón endurecido en su boca. Sus ojos se cerraron de placer al chupar Edwardy lo sintió ponerse rígido aun más por la excitación. Bella le permitió atender a sus pechos por un tiempo, luego capturó su cabello y tiró su cabeza hacia arriba.
Edward cedió a su orden. Cambiando para besarla, deslizó su pierna entre las suyas. Presionó hacia arriba, rozando su muslo contra su sexo al besarla. Bella respondió acaloradamente, frotando en respuesta y tirando cruelmente de su camisa. Varios botones se rompieron. Edward de repente encontró su camisa abierta y se acercó más para rozar su carne. Los pezones de Bella rozaron el pelo de su pecho, luego su piel, mandando hormigueos a través de él. Sintió su mano deslizarse desde su estomago hasta su ingle.
Edward se volvió un poco loco. Empujó contra ella, frotando más cerca, su mano quedó atrapada entre los cuerpos. El teléfono empezó a sonar. Edward lo escuchó, pero era un sonido apartado, una preocupación distante por la que no se preocuparía. Bella llenaba su mente. Ella era todo lo que veía o escuchaba, sus jadeos y suaves suspiros, su esencia, su toque. Lo abrumaba. El mundo podía irse al infierno y no le importaba. Bella estaba con él, y la quería ahí para siempre. Para más que siempre.
Levantando su boca de la suya, Edward se movió a su cuello, encontró su pulso y enterró sus dientes en su carne. Bella grito, su cuello arqueándose y Edward cerró los ojos frotando su cadera contra ella. Su sangre de vida llenó su boca. Sabía dulce a pesar de su delgado cuerpo. Edward siempre prefirió a mujeres grandes, encontrando su sangre gruesa, rica y satisfactoria. Pero mientras que la sangre de Bella era diferente, era intoxicante. Sintió prisa al llenarse de ella.
— Hey, Edward. Un tipo llamado Jacob... Oh, Uh, Lo siento.
Edward se enderezó abruptamente, levantándose sobre sus rodillas en la cama. Girando vio a Chris alejándose rápidamente de la puerta abierta. Se quedó asombrado, incapaz de creer que se había dejado llevar y había olvidado cerrar la puerta y estaba aun más asombrado de que había perdido el control sobre la mente del editor. Lo peor de todo es que había permitido que Chris los encontrara a Bella y a él juntos. No tenía miedo de que el hombre supiera que se estaba alimentando, pero las otras suposiciones de Chris serían igual de malas. Ciertamente a Bella no le gustaría esto. Y Edward no tenía deseos de causarle incomodidad con sus compañeros de trabajo.
Entonces comprendió lo que el hombre le dijo, y Edward pensó en el timbre del teléfono. Jacob estaba en la línea, llamando de nuevo. Lanzándose fuera de la cama, Edward se apresuró para ver a Chris colgar el teléfono.
— Oh. —Dijo el editor, espiándolo en la puerta.— Le dije que estabas ocupado
Edward maldijo entre dientes. Abriendo su boca para contestar bruscamente al joven hombre, se detuvo al darse cuenta que el editor evitaba mirarlo a la cara. Keyes también estaba sonrojándose furiosamente. Edward miro hacia abajo e hizo una mueca cuando se dio cuenta que Bella no solo había abierto su camisa, también había logrado empezar abrir sus pantalones. El cinturón estaba suelto. El botón abierto y sus pantalones estaban a mitad de sus muslos.
Dudo que eso fuera lo que había hecho enojar a Chris, sin embargo. Sin duda el hombre estaba incomodo al encontrar a Bella con las manos en la masa con uno de sus escritores.
Edward trataba de decidir que hacer cuando fue repentinamente empujado desde atrás. Haciéndose a un lado, se dio media vuelta para ver a Bella salir apresurada del cuarto. Su blusa estaba abrochada y su sombrero estaba de regreso en su cabeza, y el vislumbre que obtuvo de su cara era rojo cereza con vergüenza.
Edward trató de agarrar su mano, pero estaba fuera de alcance. Bella dijo algo ininteligible salvo por la palabra “cama”, luego desapareció dentro del cuarto. La puerta se cerró con un chasquido, seguido por el ruido del cerrojo. Definitivamente quería estar sola.
Edward suspiró infelizmente y pasó una mano por su cabello. Había hecho un desastre de todo.
— Bueno, supongo que me... Voy a la cama también. —Anuncio Chris. Luego desapareció.
Sacudiendo su cabeza, Edward caminó hasta la barra. Se sirvió una bebida, luego la llevo a su dormitorio, cerrando la puerta detrás de él.
— Ahora eso no tiene importancia. —Murmuró para sí mismo al caminar hacia la cama. Había embrollado todo y lo sabía.
¿Que podía hacer ahora? No tenía idea que estaba pensando Bella. Estaba consciente de que la había mordido. Usualmente la gente no lo estaba, pero el normalmente controlaba sus mentes al hacerlo, devolviéndoles el placer que le daban al alimentarse. Normalmente era una experiencia muy erótica para ellos. Para las mujeres de todos modos. No se molestaba en hacerlo con hombres, sino simplemente les borraba la mente para que no pudieran recordar que había pasado. Simplemente eran dejados con dos pequeños orificios en su cuello y sin ninguna idea de como llegaron ahí. Edward había abierto su mente al morder a Bella, pero no estaba seguro si había sentido su placer como el de ella. ¿Había sentido su mordida? ¿Había sido dolorosa? ¿O simplemente sintió placer y jubilo?
Si hubiera sentido el dolor de la mordida, Bella probablemente pensaría que era un fenómeno demente. Pensaría que escribía sobre vampiros porque equivocadamente se creía uno de ellos. Se preguntaría que es lo que se traía entre manos. O peor, sabría la verdad. Pero Edward sospechó que sería lo del fenómeno. Una sensata mujer moderna como Bella nunca creería en vampiros.

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