jueves, 9 de diciembre de 2010

Nuevo Capitulo " Vampiro blanco busca....."

Capitulo 10

— ¿Está bien Edward? Se terriblemente pálido.
Ante el comentario de Allison, Bella recorrió inquietamente con la mirada a su escritor. Edward estaba terriblemente pálido. Ella había pensado eso en su cuarto, pero ahora lo parecía aún más bajo las luces aquí en la amplia área de recepción durante el desayuno tardío de bienvenida. Ella debería haber insistido en que él la mordiera.
Lo había intentado, por supuesto. Ella le había dicho justamente que lo hiciera, pero Chris había estado golpeando insistentemente la puerta, y Edward había rehusado. Había temido que ella estuviera débil después, y no quiso que estuviera sufriendo mareos y quizá desmayándose. Además, no había tiempo, había dicho él. Lo haría más tarde.
Ahora, al ver la palidez de su piel, se reprochaba a sí misma no haber sido más insistente.
— ¿Bella?
Ella se volvió y forzó una sonrisa para su jefa.
— Él tiene un poco apagado los motores. Estará bien.
Allison aceptó la mentira y volvió su atención a su comida, dejando que Bella se preocupara por Edward. La primera cosa que haría al terminar el desayuno tardío sería hacer que la mordiera; podrían subir las escaleras corriendo rápidamente antes de ir a la sala de recepción de los lectores. Y luego tendría que encontrar la manera de conseguirle un suministro real de sangre. Ella había considerado el problema, y aun si ellos pudieran contactar con Jacob hoy, estaba segura que no sería hasta mañana que él podría arreglar otro embarque para ser entregado.
Bella frunció el ceño cuando se dio cuenta de que Jacob podría estar llamando justo en este momento, y no había nadie en su cuarto para responder a la llamada. Y no lo habría en todo el día. O tampoco esta noche si ellos asistían a la reunión de modelos de portadas. Quizá podrían saltarse esa reunión. No era realmente necesario que Edward estuviera allí. Todas las fans estarían interesadas en los modelos masculinos de las portadas y podrían no advertir su ausencia. Allison y Chuck lo harían, sin embargo. Bella frunció el ceño mirando abajo hacia su plato. Allison no prestaría atención, pero Chuck lo haría. Hasta donde a él le concernía, la compañía le había pagado a Edward para estar allí y él querría el valor del dinero.
— ¿Él habla?
Bella miró agudamente para enfrentarse a la ácida pregunta de Chuck. Ella se había asegurado que Chris estuviera a un lado de Edward y ella por el otro. Allison estaba directamente a la derecha de ella, y Chuck estaba contiguo a Allison, pero el editor estaba reclinándose delante de la directora editorial, su barbilla casi descansaba sobre su pecho cuando él habló. Allison estaba enfurecida, y Bella no la podía culpar. Chuck era un cerdo, toqueteando a todas las mujeres de la oficina y tratando de recorrer con la mirada sus senos. Él no era muy querido por el cuerpo administrativo, y apenas podían esperar para que fuera reemplazado. Por regla general, los presidentes en Roundhouse eran cambiados casi anualmente. Bella sólo esperaba que Chuck Morgan no fuese la excepción. Nadie en Roundhouse había estado feliz cuando él había llegado a reemplazar a George Sassoon. Su último presidente había sido un hombre excepcional que se había trasladado a la publicación desde la radio y la televisión, trayendo todo esa erudición con él. Había hecho cosas maravillosas para Roundhouse. Nadie había estado sorprendido cuando él había sido solicitado de repente por una compañía mayor. Chuck Morgan era un pobre reemplazo.
Su mirada floto más allá de su cara burlona hasta Jodi Hampton, la escritora que se sentó al lado de él. Jodi estaba lanzando miradas curiosas a Edward. Bella no estaba sorprendida. Además de que él era un hombre atractivo, Edward recibía una inusual cantidad de atención VIP. Los editores y el personal de Roundhouse se suponían que estaban repartidos en medio de un par de mesas a fin de que todos sus escritores se sintieran incluidos. Pero Chris y Bella no se habían separado del lado de Lucern en toda la semana, y Allison y Chuck habían querido encontrarse con el misterioso señor Cullen, así es que todos estaban agrupados alrededor de él. Lo que dejó sólo a Deeana Stancyk y Tom Duchamp, el VP de Promoción, para circular entre los otros treinta escritores de Roundhouse asistentes.
— Pregunté, ¿él habla?
La mirada de Bella volvió de regreso a Chuck. Él era uno de aquellos pocos hombres cuyas características reflejaba su desagradable naturaleza. Tenía una cara con marcas de viruela, colorada, un bigote gris inclinado y una cabeza calva.
Bella consideró la pregunta. Desafortunadamente, Edward era bastante taciturno en los mejores momentos. En este momento, él estaba silencioso como una piedra. Ella abrió su boca para ofrecer una excusa por su silencio, entonces rápidamente cambió de parecer. Ellos lo habían querido aquí; ella lo había traído. Quizá si ellos no estaban felices con el desempeño de él, no harían que ella lo fastidiara en el futuro. Solamente se encogió de hombros y dijo:
— No mucho.
Chuck no pareció complacido. A Bella no le importó. Esa era la verdad, y ella no podía responsabilizarse por la naturaleza de Edward. Su mirada se deslizó al escritor otra vez. Chris estaba hablando, y Edward inclinaba la cabeza lentamente. Había líneas de tensión alrededor de sus ojos que la preocuparon. Le hizo preguntarse si él tenía mucho dolor. Inmediatamente empezó a tratar de pensar en una forma para conseguirle sangre, y más sangre que la pinta que él había dicho que sería seguro para ella darle. Ella consideró brevemente encontrarle una fila de víctimas para morder, pero aún cuando disfrutó con la idea de poner a Chuck al frente de la línea, no había nadie más que ella quisiera que lo alimentara.
Bella estaba aún considerando cuidadosamente el problema cuando los platos fueron recogidos de las mesas y la ceremonia de premios comenzó. Ella escuchó sin entusiasmo como los candidatos fueron nominados para cada categoría, seguidas por el ganador. Bella batió palmas cuando los demás lo hicieron, pero ella estaba en su mayor parte perdida en sus pensamiento.
— Y el nominado final es Love Bites de Edwin Cal.
Bella se enderezó en su asiento mientras se mencionaba el seudónimo de Edward. Ella no estaba del todo sorprendida de que Edward estuviera haciendo lo mismo al lado de ella. Había olvidado decirle que su libro fue designado en tres categorías diferentes. Ella se sobresaltó cuando él se volvió con una mirada acusadora sobre ella.
— Estás nominado. Eso no significa que ganarás. —Dijo Bella apaciguadoramente.
— ¡Y el ganador es Edwin Cal por Love Bites!
— Merde. —Masculló Lucern.
— Mierda. — Remedó Bella en inglés. Ella vaciló por un momento, pero cuando Edward no mostró signos de levantarte, ella se inclinó sobre él para explicar:— Tienes que ir y recoger tu premio.
— No quiero.
Bella sintió su corazón estrujarse ante la infantil queja. Seiscientos años de edad y todavía sonaba como un bebé. ¿Los hombres eran lo mismo sin importar la especie... o era eso una raza? Lo que sea. Tomando su codo en su mano, ella se levantó abruptamente, haciéndole subir con ella.
— Yo tampoco. Así que lo haremos juntos.
Para su gran alivio, él le permitió forzar a sus pies y luego hacia el escenario en la parte más alejada de la sala. Las personas aplaudían y lo llamaban para felicitarlo, algunos gritaron que ellos realmente disfrutaban sus libros. Edward parecía olvidado de todos. La piel en su cara estaba tensa, su expresión casi afligida mientras él caminaba obstinadamente hacia delante. Bella no podía decidir si eso era debido al hambre o a la reacción de ser el centro de la atención. Ella sabía que él debía odiar este tipo de cosas. Se había enterado de sus maneras solitarias mientras estuvo en Toronto. Y si ella no había caído en la cuenta después tres días en su compañía, entonces su madre y la hermana le habían revelado bastante acerca de él en la boda.
Kathryn Falk, Lady Barrow, la mujer detrás del Romantic Times Book Club, la conferencia, y otros diversos asuntos; estaba esperando en el escenario para presentarle el premio ella misma. Ella sonrió ampliamente mientras Bella y Edward subían las escaleras hacía el podio; entonces la preocupación fluctuó en su cara cuando ella notó su extraño comportamiento. Bella intentó una sonrisa brillante para reconfortar a la mujer, pero ella podría haber usado un poco de tranquilidad para sí misma. Edward no había preparado un discurso, y algún tipo de discurso era de esperarse.
— Felicitaciones, Señor Cal. —Dijo Lady Barrow mientras ella le entregaba el premio.— He disfrutado muchísimo su serie de vampiros.
Edward gruño, tomó el premio y comenzó a caminar fuera del escenario. Bella abrió la boca detrás de él, tomó una bocanada y se apresuró tras él para cogerle por el brazo.
— Tienes que dar las gracias. —Protestó ella, urgiéndole a regresar hacia Lady Barrow y el podio.
— No quiero.
Bella frunció el ceño ante la debilidad en su voz. Ella casi prefería su "No" y tuvo que preguntarse simplemente cuánto falta de sangre podría afectar a su mente. Si ella no le encontraba algo de sangre pronto, ¿podría él perderse enteramente y enloquecer? Se encogió de miedo ante la idea.
— Sólo da las gracias. —Le ordenó severamente, dirigiéndolo hacia el podio.
— ¿Él está bien? —Preguntó Lady Barrow en un susurro mientras Edward se detenía delante del micrófono. Él miró inexpresivamente el mar de rostros. Bella se preguntó si el gentío le parecía un banquete de bistecs, luego inclinó la cabeza.
— Está conmocionado. —Mintió ella.
— ¿Estás segura de que eso es todo? —Kathryn parecía dudosa, y Bella agregó:
— Y un poco de malestar en el estómago, creo. —Luego ella se rindió, admitiendo.— Él no está del todo bien.
— Oh, querida. —Murmuró Lady Barrow.
— Pero nosotros esperamos que pase rápidamente. —Reconfortó a la mujer— Podríamos perdernos la reunión de modelos de portadas para ir al doctor.
— ¿Al doctor? ¿Por la noche ?
— Fue la cita más temprana que pudimos obtener. —Mintió Bella.
— Oh. —La señora Barrow negó con la cabeza, luego pareció darse cuenta de que Edward había estado parado silenciosamente en el micrófono por varios momentos. La sala había caído en un expectante silencio.
Bella se movió a su lado y le dio un codazo.
— Di gracias.
— Gracias. —Dijo él respetuosamente. Fue un gruñido más bien ingrato. Y él inmediatamente dio un paso atrás después de decirlo.
Bella se encogió, pero Lady Barrow salvó la situación dando un paso hacia ellos y tomando su brazo. Ella lo urgió hacia delante otra vez, luego asumió el control del micrófono y dijo:
— Señoras... y caballeros. —Ella agregó lo último con una sonrisa abierta hacia la mesa de modelos varones, los únicos varones presentes aparte del puñado de empleados masculinos de la editorial y el ocasional marido de una escritora.— Como ustedes pueden ver por su palidez, el señor Cal no se siente bien, pero él insistió en asistir a la ceremonia de hoy para agradecer a todos ustedes su apoyo. —Ella dejó que pasara un momento, entonces continuó.— Yo estoy agradecida por presentarlo. Démosle una salva de aplausos y agradezcámosle por sus maravillosas historias. Gracias, Edward. —Kathryn Falk empezó a darle un abrazo, y el gentío rompió en un aplauso.
El alivio corrió a través de Bella. ¡Lady Barrow había salvado la situación! Luego ella notó que las ventanas de la nariz de Edward se expandían, y que él bajaba su cara hacía el cuello de la mujer. Aún más desconcertante fue la incandescencia de plata que había en sus ojos. Sus labios avanzaron por la piel de Lady Barrow en busca de una vena pulsante.
Los ojos de Bella se agrandaron de horror. ¡Él estaba a punto de morder a Lady Barrow allí mismo en el maldito escenario!
— ¡No! —El chillido dejó los labios de Bella cuando ella vio los dientes de Edward extenderse. Fue un chillido fuerte. El salón entero cayó en un pasmoso silencio. Pero a Bella no le importó, porque Lady Barrow se alejó de los brazos de Edward y giró alrededor asombrada. Edward la miró ceñudamente por la interrupción de su comida.
— Er. —Bella dijo en medio del silencio ensordecedor. Moviéndose hacia el micrófono, ella agregó:— No hay ninguna necesidad de agradecerle. Edward es... él está simplemente agradecido de que él... er... tuvo esta oportunidad para agradecerles a todos ustedes. Er... gracias.
La muchedumbre comenzó a aplaudir ruidosamente otra vez, pero Bella apenas puso cuidado. Edward estaba moviéndose más cerca de la incauta Lady Barrow, esa apariencia hambrienta todavía en sus ojos. Forzando una sonrisa, Bella quitó de un tirón su brazo y se marchó con él.
— Ibas a morderla. —Lo acusó ella.
— Yo sólo quería un poco. —Él sonó hosco.
— ¿Sólo un poco? —Exclamó ella.— ¿Allí mismo en el escenario para que todos lo vieran?
— Ellos habrían pensado que era una hazaña publicitaria. —Se defendió. Luego suspiró y admitió miserablemente.— No podría ayudarme a mí mismo. Ella tiene sangre fuerte, dulce.
Bella clavó los ojos en él.
— Tú no...
— No, tú me detuviste a tiempo. Pero yo puedo decirlo por el olor. —Bella hizo una mueca, luego notó que las líneas alrededor de sus ojos se habían profundizado y estaban también alrededor de su boca.
— ¿Cuán malo es el hambre ahora mismo? —Fue una pregunta estúpida. El hombre casi había mordido a Lady Barrow. El hambre era fuerte. Lo qué ella realmente quiso saber fue— Significa, ¿que es doloroso para ti?
Él inclinó la cabeza gravemente.
— ¿Esa pequeña cantidad de luz solar de ayer causó tanto problema? —Preguntó ella. Si es así, le pareció que los vampiros eran más débiles que los humanos en algunas formas. Más bien frágil, al menos respecto a esto.
— Esa pequeña cantidad de luz solar de ayer, el tipo sentado a mi lado en el avión con un resfriado que estuvo tosiéndome, el...
— ¿Estar cerca de personas enfermas gasta más sangre? —Preguntó Bella con alarma. Estaban en un hotel con un par de miles gérmenes de personas sueltos por aquí. No era extraño que él estuviera tan encerrado.
— Sí. —Asintió Edward con la cabeza.— Los humanos aparentemente están rodeados de enfermedad y la matan, pero eso lleva más...
— Sangre. —Finalizó Bella infelizmente.
— Sí. Y luego hay luz solar aquí hoy.
Bella miró con atención alrededor de la iluminada sala con sorpresa. Las paredes eran sólidas sin ventanas, pero había tragaluces en lo alto. Eran tragaluces escarchados, y no se le había ocurrido que podrían ser un problema. Debería haber pensado en eso. Su mirada se movió a la mesa en que estaban sentados, y Bella casi gimió cuando se dio cuenta de que había escogido una mesa situada directamente bajo un tragaluz.
— El alcohol de anoche tampoco me ayudó. —Continuó Edward— Deshidrata el cuerpo, además.
Bella frunció el ceño. Ella había notado las latas de cerveza aplastadas, la caja vacía de pizza y la pila de cáscaras de cacahuetes alrededor de la mesa de café delante de la televisión esta mañana. Parecía como si Chris y Edward hubiesen gozado la noche como unos niños. Ahora Edward estaba pagando por ello. Parecía que su estado era el resultado de muchas cosas. La última razón era culpa suya, sin embargo.
Casi habían alcanzado la mesa. Bella desvió a Edward de ella y lo dirigió hacia una de las salidas.
— Vamos.
— ¿Adónde vamos? —Él sonó confundido.
— A encontrarte comida. —Ella salió un momento del vestíbulo de recepción y miró con atención alrededor. Realmente no había tiempo para ir a su suite. Era necesario algún sitio más cercano. Ella lo arrastró hacia el baño de hombres.
— Entra y mira si está vacío. —Le sugirió ella.— Si no es así, haz que quienquiera que este dentro salga. ¿Puedes hacer eso, no? Sabes controlar su mente y...
— Sí. Pero...
— Sólo hazlo. —Insistió Bella.
Edward meneó la cabeza, pero se abrió camino hacia la puerta. Un par de minutos más tarde, la puerta se abrió y un hombre caminó afuera. Bella lo reconoció como uno de los modelos masculinos. Ella le sonrió nerviosamente, pero él no le regresó la sonrisa, casi no pareció notar que estaba allí de pie. Sus ojos estaban vidriosos, vacíos de expresión.
Ella le observó marcharse dando media vuelta, luego se deslizó en el cuarto de baño, aliviada de encontrar a Edward solo.
— Bien. —Ella caminó resueltamente hacia él.— Hagámoslo.
Edward negó con la cabeza mientras ella le tendía su muñeca.
— No puedo.
— ¿Qué significa eso de que no puedes? —Chasqueó ella exasperada.— Ya has mordido a Chris y a mí una vez, así que por supuesto que puedes. Sólo saca tus dientes.
— Bella, no puedo. Dolería.
— No dolió anoche. —Señaló ella.
— Eso fue porque estabas abrumada con el deseo sexual.
Bella se sonrojó, pero no se tomó la molestia de negarlo. Ella había estado más bien caliente y molesta.
— ¿Qué tiene que ver con eso? —Sus ojos se estrecharon.— Chris no estaba...
— Por supuesto que no. —Él comenzaba a sonar impaciente.— Pero yo puedo controlar su mente.
— Controla la mía.
— No puedo, Bella. Tu mente es demasiado fuerte.
— ¿Lo es? —Ella se sintió llena de placer. Su mente era demasiado fuerte. ¿No era eso agradable? Ella tenía una mente fuerte. Oh, se percató repentinamente, ella tenía una mente más fuerte incluso que Chris, porque, de lo que ella había visto al regresar al cuarto anoche, Edward no tuvo dificultad en controlarlo. A ella le habría gustado disfrutar eso, pero Edward todavía estaba hablando.
— El único momento en puedo conseguir entrar en tu cabeza es cuando estás durmiendo, o cuando estás envuelta en la pasión. Al menos, asumo que puedo entonces. ¿No sentiste algún dolor cuando te mordí anoche?
Bella negó con la cabeza.
— No. No sentí dolor.
Él inclinó la cabeza.
— Entonces tu mente ha debido de haberse abierto bastante para mí para que le infundiera placer.
— Hmm. —Bella asimiló eso.— ¿Cómo sabes que puedes meterte en mi cabeza cuando duermo?
La culpabilidad cruzó la cara de Edward, y Bella repentinamente recordó el sueño erótico que había tenido en su casa.
— Tú no lo hiciste... —Le dijo ella.
Él se sobresaltó con la acusación, luego puso apaciguadoramente sus manos.
— Yo sólo estaba... revisándote. Y tú parecías tan dulce y sexy, que empecé a pensar acerca de lo que me gustaría hacerte y no me di cuenta que estabas recibiendo mis pensamientos hasta que... er... —Él se encogió de hombros con inquietud.— Me detuve de inmediato.
Bella lo miró, sintiéndose vulnerable y expuesta. El sueño que ella había tenido en su casa no había sido un sueño del todo. ¿O lo era? ¿Su fantasía? ¿Fue eso un sueño? ¿Un sueño de vigilia? Eso no había sido de ella.
La puerta del cuarto de baño se abrió, y ella y Edward miraron airadamente hacia ella mientras un hombre de mediana edad comenzó a entrar en el cuarto. Edward lo miró ceñudamente, sus ojos destellaron un fuego plateado. Sal.
El hombre paró bruscamente, sus ojos vidriosos; Luego cambió de dirección y obedientemente salió del cuarto.
Al minuto estaban solos otra vez, Bella agarró la mano de Edward y lo empujó hacia una de las casillas. Ella apenas le podría alimentar antes de que la gente entrara en el baño. La casilla era bastante estrecha, pero supuso que era lo suficientemente buena para morder.
— Sólo haz eso, Edward. Tú necesitas la sangre. Comienzas a parecerte a un muerto andante.
— No quiero lastimarte.
Ella lanzó un suspiro de exasperación, pero estaba secretamente complacida de que él estuviera tan renuente a causarle dolor. Especialmente cuando estaba obviamente sufriendo tan horriblemente por algo que ella podía aliviar. El dolor sería el equivalente a un disparo. Al menos, ella esperaba que esa fuera la magnitud de eso.
— Mira. ¿Qué ocurre si abro mi mente para ti? —Sugirió ella, aunque no tenía ni idea de cómo hacer eso. Supuso que bastaría con pensar pensamientos manifiestos.— ¿Nos dejas hacer un intento? Abriré mi mente y...
— Bella —Comenzó, Edward y ella supo que él iba a rehusarse. Ella estaba de pie en un maldito baño de hombres, en una casilla, nada menos; ofreciéndole al estúpido hombre su sangre como si ella fuera alguna hembra del fenómeno Renfield, y él sólo estaba de pie comportándose como un caballero del Viejo Mundo. Debía realmente ser viejo. En su experiencia, los hombres de estos días tomaban lo que se les ofrecía sin importarle si fuera bueno o no para la mujer. Caramba, algunas veces tomaban lo que no se les ofrecía.
— Maldición, Edward. —Lo interrumpió ella impacientemente. Agarrando el cuello de su vestido, lo retorció más para revelar el alfiler que había usado para atar la correa del sostén al material.
— ¿Qué estás haciendo? —La miró él ceñudamente otra vez.
Maravilloso, pensó ella irritablemente. Ella estaba sintiéndose bastante malhumorada, por sí misma. Había pensado que sólo los bebés necesitaban ser alimentados con cuchara. Quitando el alfiler, ella lo deslizó fuera de su sostén, rápidamente se pinchó a sí misma en la punta de un dedo, luego lo apretó cruelmente hasta que una gorda gota de sangre salió a la superficie. Y la puso resueltamente bajo su nariz.
— ¿Tienes hambre? —Le preguntó. Ella lo siguió cuando él retrocedió contra la pared de la casilla procurando evitar su dedo, luego lo ondeó bajo su nariz. El triunfo aumentó dentro de ella cuando vio que las ventanas de su nariz aleteaban.— Vamos, adelante. Tienes hambre. Ten una prueba. Sólo una lamida. Si no te agrada, entonces te encontraremos a alguien más. Si lo haces, entonces un pequeño mordisco en mi cuello te hará sentirte mejor. Vamos, Edward, prueba un poco de Bella para desayunar y... —Sus palabras murieron en un grito sofocado de sorpresa cuando él lamió la sangre que había salido de su dedo. Fue un raspado tan rápido de su lengua a través de su dedo que apenas lo sintió, pero para su satisfacción, sus ojos resplandecieron plateados. Ella lo tenía.
Bella volvió su cabeza hacia un lado y miró de reojo en preparación para lo que estaba por venir, entonces recordó acerca de lo de abrir su mente. Ella pensó, Mi mente es accesible. Edward puede entrar. Mi mente es accesible. Edward puede entrar.
Aparentemente, la apertura de su mente no fue tan fácil. Ella sintió las manos de Edward en sus brazos, luego el roce de sus labios contra de su cuello, luego el agónico dolor cuando él comenzó a insertar sus dientes.
— Ay, Ay, Ay —A pesar de sí misma, Bella comenzó a forcejear. Edward se apartó de inmediato. Él todavía la sujetaba, sus manos aprisionaban sus brazos, su respiración se volvió pesada, el fuego plateado en sus ojos brillaba mientras el luchaba para controlar su sed.
Bella se mordió los labios infelizmente, avergonzada por lo que había hecho. Pero eso la había lastimado mucho. Ningún disparo había sido tan malo. Pero, entonces, los disparos no estaban ni cerca de ser tan grandes como los dientes de Edward. Ella presionó una mano sobre su garganta.
— Supongo que no se como abrir mi mente.
Edward alejó sus manos.
— Mejor sal. No pienso que pueda controlarme mucho tiempo más.
Bella vaciló, entonces avanzó, resbalando sus brazos alrededor de su cuello.
— ¿Qué está haciendo? —Le preguntó ásperamente.
— Bien, si tengo que estar excitada sexualmente para dejarte entrar sin que eso duela, tú me mantendrás ocupada y me excitarás. —Dijo ella.
— Bella, estamos en un baño. Éste es apenas el lugar para...
— ¿No eres muy aventurero? —Le preguntó — Olvida dónde estamos y lo conseguiremos, camarada. Éste es un cuarto de aseo público, alguien podría entrar de un momento a otro. —Apuntó ella. Apoyándose arriba, ella presionó sus labios contra los de él. Eso fue todo lo que tuvo que hacer. Edward prontamente comenzó a besar su espalda, sus brazos se cerraron alrededor de ella como bandas de acero.
Bella supuso que lo que siguió fue la versión rápida vampírica. No fue como los apasionados momentos que habían compartidos en su suite. No podría explicarlo, pero había un propósito detrás de cada una de sus acciones como si él no estuviera totalmente involucrado, sino que realizaba ciertos actos para excitarla como los pasos necesarios hacia morderla. Él parecía distante en cierta forma. No involucrado. Sus besos eran expertos y todavía excitantes, pero así como ella gimió en respuesta y se abrió para él, ella fue consciente de que él no estaba completamente allí. Al menos, se dio cuenta de eso al principio. Cuando su lengua empujaba dentro de su boca, ella no tuvo tiempo de preocuparse por eso.
Edward desgarró los botones que bajaron corriendo por la parte delantera de su vestido y deslizó su mano adentro, luego bajo su sostén para ahuecar un pecho en su fría palma. Bella gimió en su boca. Ella se estremeció cuando su pulgar dio un golpecito a la punta de su pezón.
Después él deslizó su pierna entre las suyas, forzando su vestido hacia arriba hasta que su muslo se rozó contra el mismo centro de ella. Bella se quedó sin aliento, luego lo besó casi frenéticamente. Cuando Edward se apartó, ella gimió, su cabeza cayó hacia atrás cuando ella se arqueó y se movió contra su pierna, queriendo más. Ella sintió sus labios mordisqueando a lo largo de su cuello, pero todo se sentía tan bien que simplemente murmuró su placer e inclinó su cabeza para darle mejor acceso. Luego se dio cuenta de su chupeteo en su cuello. Esta vez ella no lo confundió, pero no hubo dolor... hasta que su nebuloso cerebro le dijo que era lo que él estaba haciendo y que allí debería estar el dolor. La excitación comenzó a desvanecerse.
Solamente cuando Bella sintió la primera débil agitación de dolor, Edward pareció percatarse de lo qué ocurría y lo perturbó. Él deslizó su mano bajo su falda, sus dedos volaron ágilmente arriba hacia el interior de su muslo, urgiendo para que sus piernas se separaran un poco más. Luego él apartó a un lado la etérea tela de sus bragas y la acarició. Bella se olvidó completamente de lo que ocurría en su cuello. Se quedó sin aliento y murmuró placenteramente, retorciéndose en su caricia, luego gimió cuando él deslizó un dedo dentro de ella.
— Oh, Edward. —Ella se quedó sin aliento, deslizando sus dedos a través de su pelo y agarrándole firmemente su cabeza hacia ella como si eso fuera su única ancla para la cordura. Ella gimió cuando montó su mano, su cuerpo zumbando con una excitación tan feroz entre sus piernas que se debilitaban. Bella abrió los ojos y trató de advertirle que sus piernas cedían, pero estaba tan distraída por el hecho que todo parecía irreal. Quiso decirle a Edward eso, también, pero parecía demasiado esfuerzo. Una extraña dejadez se apoderó de ella.
La pared de la casilla en su espalda vibró cuando la puerta de al lado se cerró ruidosamente. Bella supuso que alguien estaba en el baño con ellos. No la molestó en exceso, pero entonces Edward levantó su cabeza y frunció el ceño. Miró detrás de Bella, y la preocupación cubrió su expresión.
El maldijo suavemente, ajustó su agarre y le dio la vuelta a Bella, bajándola para sentarla sobre el sanitario. Él no dijo nada, pero su expresión fue sombría mientras enderezaba sus ropas y abrochaba los botones del vestido de ella. Una vez que él la puso junto a su espalda, destrabó la puerta del cubículo, miró con atención afuera, luego la levantó por detrás sobre sus pies, estirando su brazo sobre su hombro y medio caminando, medio cargándola la sacó del baño. Bella no vio a nadie, pero la puerta del cubículo de al lado donde ellos estaban era la única que estaba cerrada y podía ver pies bajo ella. Alguien había entrado, se percató de eso con vago interés.
— ¡Aquí estáis! Os he estado buscando a los dos en todas partes.
miró con atención alrededor y descubrió que Chris venía hacia ellos. Su expresión estaba tensa, su voz urgente.
— Chuck está lívido. Edward ganó las otras dos categorías para las que estaba nominado y no estaba por ahí para aceptarlos. ¡Jesús!, Bella, ¿está todo bien? Pareces salida del infierno.
— Ella no está sintiéndose bien. —Explicó Edward, reprochándose mentalmente a sí mismo. Era su culpa. Él había tomado demasiada sangre, no había sido capaz de controlarse. Una vez que el fluido dulce, caliente había explotado sobre su lengua deshidratada y en su boca, él se había perdido. Si alguien no lo hubiera distraído, él no sabía lo que hubiera podido pasar. Su ansiosa mirada se deslizó sobre la macilenta cara de Bella, y se recriminó a sí mismo otra vez. Afortunadamente, él no había tomado lo suficiente como para causarle un serio daño, pero Bella iba a sentirse débil y...
— Pensé que eras tú el que no estaba sintiéndose bien. —Dijo Chris con confusión. El editor se movió para tomar el otro brazo de Bella y una parte de su peso.
— Es contagioso. —Masculló Edward. Él los dirigió hacia los ascensores.
— Genial. —Dijo Chris— Entonces estoy seguro que seré el próximo. —aclaró él.— Pero tú pareces estar superándolo. Tienes algo de color en tus mejillas otra vez. Al menos pasa rápidamente.
Edward retrocedió culpablemente. El color en sus mejillas era gracias a la sangre de Bella. Esa era también la razón de que ella ahora estuviera así de débil. Él se sentía un poco mejor. Un poco. Sabía que si podía obtener otro par de cuartos de galón de sangre, entonces estaría de regreso su viejo yo.
— ¿A dónde vamos? —Preguntó Chris mientras esperaban que el ascensor llegara.
— Estoy llevándola arriba para que se acueste.
— No. —Bella repentinamente se obligó a si misma a enderezarse. Lo intentó, pero se tambaleó débilmente.— Deberíamos ir a la sala de recepción.
— No estás en forma para ir a alguna estúpida sala de recepción. —Arguyó Edward — Necesitas algo dulce y descansar. Para reconstituir... —él hizo una pausa, no tenía el deseo de decir más delante de Chris.
— Sólo tengo que sentarme allí. Tendrán refrescos. —Insistió Kate. Ella recurrió a Chris.— ¿Han terminado casi con los premios?
— Sí. En otra media hora, creo. —El editor miró a Edward mientras las puertas del ascensor se abrían y ellos ayudaban a Bella a abordarlo.—Debería estar bien en la sala de la recepción. Podemos vigilarla. Chuck tendrá un ataque si no aparece.
Edward permaneció silencioso mientras Chris presionaba un botón del ascensor. Él no estaba feliz con la decisión, pero no quería poner en peligro el trabajo de Bella. Y él podría vigilarla.

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