jueves, 9 de diciembre de 2010

Nuevo Capitulo " Vampiro blanco busca....."

Capitulo 11

Bella volcó las bolsas y miró todo lo que había comprado cuando cayeron sobre la cama; al momento, comenzó a revisar el montón. Retiró el suéter negro y el pasamontañas de lana negro, se apresuró yendo hacia el armario y agarró sus pantalones de vestir negros. Se los puso rápidamente, colocándose también el suéter, pero el pasamontañas lo introdujo en su bolsillo. Luego se apresuró hacia la cama para comenzar a introducir las cosas en su nueva mochila negra. Una vez que estuvo hecha, comprobó su reloj.
Bella había pasado la mayor parte de la tarde sentada en una silla al lado de Edward en su alojamiento en una Suite de Roundhouse, comiendo todo lo que él había empujando hacia ella, obligándola a beber zumo de naranja que él había ordenado a Chris para que saliera y lo trajera. Había sido interminable. Bella había comenzado a sentirse mejor rápidamente después de haber bebido el zumo de naranja y de comer, al menos físicamente mejor, pero Edward se había cernido inquieto sobre ella. El hombre había actuado como una madre-pájaro.
Edward apestaba a culpa, por lo que Bella pudo haberlo pateado. Él no tenía por que sentirse culpable, ella prácticamente le había obligado a tomar su sangre. Y, sí, brevemente la había debilitado, al final no la había dañado. Todavía, al menos ella no tenía aspiraciones para ser el menú de su cena. Incluso había sido algo agradable, pero evitaría ofrecerse como comida otra vez. Ya se había preocupado del problema de como alimentarlo cuando oscureciera.
Bella había estado en varias conferencias y nunca había visto la suite del Roundhouse tan llena. Las admiradoras habían llegado en masa, llenando la habitación hasta los topes, hasta había personas que se encontraban en el pasillo. Chuck debía de estar muy complacido. Allison, Tom y Deeana estuvieron desbordados con las contestaciones a la multitud de preguntas, y presentando la llave encadenada en las cubiertas del libro de bolsillo para los lectores. Chris se había visto obligado a dejar a Edward y Bella había tenido que consultar varias veces con algunos de sus propios escritores, pero esto había sido bueno, ellos lo habían hecho bien. Con Edward, los admiradores habían sido amorosamente apacibles. Quizás esto fuera debido al anuncio de Lady Barrow en el que decía que él no se sentía bien, o quizás era porque, él se parecía más a un cadáver andante, Edward estaba todavía pálido y esto le hacía parecer frágil. Independientemente del caso, Bella había temido que los admiradores lo abrumaran pero todo había sido gracioso y dulce. Ellos habían llevado la mayor parte de la conversación, comunicándole a Edward todo lo que disfrutaban de su trabajo y no parecieron notar que él casi no contestaba.
Ya estaba en la habitación cuando Bella había concluido su plan. Esto era una aventura completamente loca y peligrosa, pero era la única cosa en la que podía pensar. Saber que Edward retrocedería ante esto, la había obligado a guardarse el plan para si misma, preguntando a Chris si lo acompañaría a la cena de negocios, y se había escapado para recoger todo lo que necesitarían. Ahora solo tenía que comprobar si tenía todo y miró detenidamente su reloj de pulsera una vez más.
Ella había dado instrucciones a Chris de llevar a Edward a la habitación por la parte de atrás directamente después de la cena y desaparecer el resto de la tarde. Esto debería de ser pronto. Miro fijamente hacia la ventana de hotel. El sol se había puesto hacia mucho tiempo mientras ella había estado liada con su tarea; fuera ya era noche cerrada. Esto era bueno. Necesitarían de la oscuridad.
El sonido de las risas provenientes de la otra habitación le dijo a Bella que los hombres habían regresando. Curioso sentirse tan ligera, deslizándose en el área de los vivos. Sus cejas se elevaron como ella noto la expresión disgustada en Edward y la divertida de Chris.
— ¿Habéis pasado un buen rato? —Preguntó ella a la ligera. Su curiosidad creció cuando Chris se carcajeo una vez más.
— No te lo creerías, Bella. —Exclamó su amigo.— Nunca he visto nada como eso. Vamos creo que, sabes como las mujeres pueden llegar a ser, era una reunión alrededor de unos pocos hombres que asistieron, fueron como abejas alrededor de una flor, una locura. Lo juro, una mujer en realidad hizo plaf sobre el regazo de Edward y le hizo proposiciones sin preocuparse de que los demás nos enteráramos. Pensé que él iba a desaparecer. —Él se rió otra vez— Edward solo miraba aterrorizado.
Edward hizo una mueca mientras Chris continuaba con la descripción de otro de los avances que él había tenido que rechazar. Aquello había sido una locura. Edward detestaba las mujeres modernas cuando tenían ese comportamiento agresivo, excepto Bella, por supuesto, quien era sólo agresiva de un modo muy agradable. Pero las mujeres de las que él y Chris acababan de escaparse... ¡Dios querido! Edward no había estado tan preocupado desde el tiempo en el que era un muchacho y los aldeanos habían atacado el castillo, con antorchas y horcas en sus manos.
Él sintió un estremecimiento cuando Chris empezó a contar el momento en el que una mujer había saltado al ascensor después de ellos. La mujer le había pedido que Edward engendrara un hijo con ella, declarando desesperadamente que quería un hijo tan talentoso como él. A pesar de la carne rechoncha de la mujer y unos pechos prodigiosos, Edward no había tenido problemas para rechazar esa oferta tan generosa. Él tuvo, sin embargo, que resistir el impulso de probar el sabor de su sangre. Si Chris no hubiera estado allí, él muy bien podría haberlo intentado a pesar del riesgo. El alivio por la donación que Bella le había dado antes no había durado mucho tiempo. Su cuerpo estaba demasiado necesitado. Necesitaba alimentarse otra vez. Estaba tan mal que había decidido retirarse a su habitación, escabulléndose por la puerta que conducía directamente desde el pasillo, e intentar hallar él mismo algún bocadito. Varios bocaditos. Aunque recordando no beber profundamente, como había hecho con Bella. Su madre y padre le habían enseñado hace mucho tiempo que uno no mata a las vacas que le suministraba la leche a uno.
— Me voy atrás ahora.
Edward miró con atención a lo que había a su alrededor. Chris se movía hacia la puerta.
— ¿Dispuesto a desafiar a esas mujeres otra vez? —Bromeo Bella.
Su amigo sonrió abiertamente.
— Tengo que hablar con un par de mis escritores. Además, ellas a mi no me molestaran. No si no está Edward allí. No me verán sin él. —Dijo guiñando un ojo. Pero cuando él abrió la puerta, se retiró a la carrera.
Edward abrió la boca con horror cuando de repente se encontró rodeado por un grupo excitado y gimoteante de mujeres.
Cada uno de ellas empujaba y se agarraba a él. Edward se fue desplazando hasta que se encontró contra la pared, pero de todos modos se apiñaron por delante, apretándose contra él, el dulce olor de su sangre fue la única cosa en la que él realmente podía concentrarse. Solo podía percatarse de palabras sueltas y retazos de frases aquí y allí, pero nada que tuviera sentido para su conciencia.
—... solamente amo sus libros...
—... no pude permitirme a asistir a la conferencia, pero vivo aquí...
—... esperado alrededor del vestíbulo.....
—... le he reconocido por la fotografía de la parte trasera del libro...
—... le he seguido a su habitación...
—... solamente le amo!
—... por favor muérdame. Conviértame en un vampiro...
—... poner un autógrafo en mis pechos?
— ¡Fuera!
Edward definitivamente escuchó y entendió a Bella. Él también pudo escuchar sus siguientes palabras algo estridentes:
— Un poco de tu ayuda especial no nos vendría mal aquí, Edward.
Edward sonrió. Le gustó la forma cuando lo llamó Edward. Entonces el entendimiento le golpeó. Ella quería que él usara su control mental para convencer a las mujeres para que se marcharan. Sólo esperaba que pudiera enfocar lo suficiente para hacer eso. Haciendo todo lo posible por ignorar su hambre, Edward intentó enfocar. Él envió el mensaje mental a las mujeres para que desearan dejarlos.
Bella y Chris intentaron ayudarlo, cada uno de ellos agarrando dos mujeres del brazo e impulsándolas hacia la puerta. Edward trató con las demás con su control mental, liberando sus mentes en el momento que la puerta estuvo cerrada tras ellas.
— Bendito sea Dios. —Refunfuño Chris mientras giraba la cerradura.—“ ¿Muérdame?” “¿Conviérteme en un vampiro?” Estas mujeres tienen que aprender la diferencia entre la realidad y la ficción.
Edward y Bella cruzaron sus miradas, pero ellos no dijeron nada mientras Chris se movía hacia la puerta de su dormitorio.
— Me parece que me escaparé por esta puerta hasta mi habitación. Con la esperanza, de que las mujeres no me vean. Me pasaré por el mostrador de recepción y enviaré a agentes de seguridad para que se deshagan de las mujeres del pasillo.
— De acuerdo. Gracias. —Bella lo saludó conforme. Tanto Edward como ella permanecieron silenciosos hasta que escucharon el sonido del abrir y cerrar una puerta.
Bella suspiró pesadamente. Girándose hacia Edward con determinación, por su agotado estado, sabía que no podía ser bueno. Y sus primeras palabras no le tranquilizaron.
— Tengo un plan.
* * * * *
— ¿Qué tienes en el bolso? —Edward preguntó con aturdimiento cuando abandonaron el hotel.
— Cosas. —Contestó Bella escuetamente. Ella no estaba contenta con él en este momento, porque él no había aceptado inmediatamente su plan. La había escuchado hasta el final, con una expresión de incredulidad en su cara, luego había intentado hablar con ella. Él había hecho todo lo posible para convencerla de que lo dejara morder a un par de invitados de la conferencia, el pensamiento de su plan era mucho más complicado, pero ella pareció ofendida de que él hasta lo considerara.
Él brevemente se había preguntado si su trastorno podría ser porque no le gustó la idea de obtener de otra mujer los placeres él había tenido con ella, pero luego había abandonado ese pensamiento. Ella ya sabía, gracias a ese paseo mientras él intentaba dar de comer a Chris, que no tenía que molestarse con esos métodos. Supuso que ella solamente estaba ofendida en su parte humana. La gente no se fijaba que mataban a los bebes de las vacas para comer ternera, pero les parecía molesto la idea de ser el alimento de ellos mismos.
— Si esto es demasiado pesado, sería feliz de llevarlo.
— Como te dije arriba. —Agrego Bella a través de sus apretados dientes.
Edward sintió que una sonrisa amenazaba su irritación. Hizo retroceder esta necesidad inmediatamente. Raras veces sonreía. Aclarándose mentalmente que ese deseo era un síntoma de su estado, por lo que cambió la mochila a su otra mano. La mujer, claro no lo iba a dejar tranquilamente. Después de más de una hora de discusión, Edward finalmente había cedido ante su plan. Sobre todo porque estaba privado de comida, ella era muy obstinada, y este era el único modo de salir de su habitación. La conocía lo suficiente para saber que le acosaría hasta que él estuviera de acuerdo.
Habiendo aplacado y acordado intentar su plan de suministrarle una comida colectiva y anónima, sin embargo, no que decir que Edward hubiera dejado de ser cortes. Cuando ella había elaborado – la mochila de trucos, – como ella se había referido, él inmediatamente había insistido en llevarla. Bella pareció ver su movimiento como si tuviera muy poca fuerza. Ella podría llevar sus propios bolsos, muchas gracias. Pero él aún así no la dejaría.
Jesús, pensó Edward. Las mujeres modernas son peor que un dolor...
— Aquí estamos. —Anunció Bella, conduciéndole a un taxi. Ella le dio al conductor una dirección cuando Edward la siguió dentro. Al parecer, había estado investigando. Obviamente creía estar preparada, justo como Jacob.
A pesar del dolor que sufría, Edward sintió en sus labios un leve estremecimiento. No lo podía evitar; Bella era ni más ni menos que maravillosa .
No fue un paseo largo. Cuando el taxi paró y Edward bajó, se encontró que estaban parados en frente de un restaurante, de entre todos los lugares. Edward estuvo de pie mirando fijamente y desconcertado al ver el edificio hasta que Bella lo empujó.
— Bella, creo que estamos en un lugar equivocado. —Dijo parado al lado del taxi.— Yo no veo nada.
— Precisamente. —Ella tomó su brazo y lo dirigió hacia arriba en la calle.— No quise que el taxi nos dejara justo enfrente, en el caso de que nuestra pequeña aventura saliera en los periódicos de la mañana. El taxista podría haberse recordado que nos recogió y donde nos dejó, y entonces podrían seguirnos hasta el hotel. Ahora, no hay que preocuparse. —Su voz era frágil. A pesar de ser su idea, parecía estar bastante tensa.
— Ah. Bien pensado. —Murmuro Edward. Él no quería señalar como iban vestidos, por no mencionar el tintineo metálico de la mochila que llevaba, los recordarían en cualquier lugar. Y dormir en un par de edificios más abajo no sería de muy poca ayuda. De todos modos esto no sería un problema. Lucern se ocuparía de esto. No tenía ninguna intención de poner en peligro a Bella.
Él descubrió el edificio que buscaban, pero Bella agarró su brazo y le condujo por delante de el. Estuvo a punto de preguntar por qué, cuando de repente ella echó a correr por un callejón a lo largo de la parte frontal del edificio.
— Recorrí este lugar antes de ir de compras. —Susurró mientras ella se escondía abajo en el callejón, arrastrándole a él detrás de ella su mano que parecía una garra cuando atrapó su muñeca. Andaba de forma bastante peculiar; agachándose como si pensara que reduciría la posibilidad de ser vistos.
Edward miró su comportamiento algo aturdido, y se preguntó si su mente, por lo general sensible, se hubiera quebrado. Seguramente ella pensaba que si andaba de esa forma serían menos visibles, y él echándole una mirada de refilón le dijo que no lo estaba consiguiendo. Pero al parecer no sirvió de nada.
Él suspiró cuando la punta de su zapato golpeó una piedra y enviándola a lo lejos, pasó casi rozando a Bella. Ella irrumpió la carrera, arrastrándole con ella hasta que alcanzaron los contenedores de basura a mitad de camino del callejón. Lo colocó detrás de estos, luego se agachó allí, mirando con temor a su alrededor .
— ¿Escuchaste eso? —Preguntó ella en un susurro.— Pensé que había oído algo. No veo a nadie, aunque. Tal vez solo fuera un gato o algo parecido.
— O una rata. —Edward se inclinó para susurrarle en su oído. Sabía que era malvado por lo que acababa de hacer, especialmente cuando él sabía lo que ella había oído. Pero simplemente no podía dejarlo pasar. Era tan fácil gastarle una broma. No había tenido mucha diversión desde... bueno, siglos, comprendió con cierta sorpresa.
— ¡Una rata! —Bella se enderezó bruscamente, su cabeza se golpeó con la parte inferior de su barbilla.
Edward se retiró hacia atrás. Estremeciéndose, se frotó el punto hasta que Bella agarró su cabeza, emitiendo un grito de dolor. Que ella cortó casi inmediatamente, desde luego, pero todavía, Edward no podía menos de pensar que quizás la cautela estaba más allá de todo este esfuerzo. Bella no llevaba muy bien esto de perpretar un crimen.
— Shh. —Dijo ella severamente, como si Edward hubiera sido el que acabara de soltar el maullido. Edward se colocó a cierta distancia, su mirada en cambio se posó con interés en la manera en como ella tiraba dos gorros de lana de su mochila. Colocándose uno sobre su cabeza y tapando con el parte de su cara. Era un pasamontañas. Cuando ella por fin tuvo los agujeros ajustados a sus ojos, mostrando a la vez sus labios. Bella le dio a él otro.
— Póntelo. —Pidió ella. Tomando la mochila que él sostenía, la puso sobre la tierra con un sonido seco y metálico.
— No me voy a ponerme esto. —Dijo él con desdén.
Bella se levantó con un suspiro de impaciencia.
— Póntelo, Edward. No quiero abrir los periódicos mañana y encontrar tu pálida cara fulminándome con la mirada detrás de mí.
— Como podría.
— Cámaras de Seguridad. —Interrumpió ella con gravedad.
Edward resoplo.
— Ellos apenas tendrán cámaras de seguridad en...
— Todo el mundo tiene cámaras de seguridad por todas partes hoy día. —Le interrumpió otra vez— Bájatelo hasta abajo.
Refunfuñó por lo bajo, Edward se rindió. Asumiendo que era una cosa estúpida, parecería un idiota, y estaba agradecido que ningún miembro de su familia estuviera aquí para atestiguarlo. Emmet en particular habría disfrutado burlándose durante décadas. Saber que Bella no podía ver su ceño no evitó que le dirigiera una particularmente feroz hacia ella. No, ella no lo notó; estaba realmente ocupada examinando lo que había en el interior de su mochila. Había algo horrible que se golpeaba y sonaba continuamente.
¿Qué diablos había traído ella?, se preguntó con irritación.
— En tus años de vida, —comenzó a decir con un tono de retintín—Supongo que no has aprendido nada sobre el robo, ¿verdad?
— Una cosa o dos. —Admitió Edward.
— Bien. —Pareció algo aliviada— Por que todo lo que sé sobre ello es lo que he visto por la TV.
Edward arqueó una ceja, pero ya que esta vez él sabía que ella no podía verlo, dijo en un tono solemne.
— Uno nunca lo creería.
— Es la verdad. —Le dijo con seriedad.— Me gusta bastante la policía, y solamente me fijo en ellos. Espero haber conseguido lo que necesitamos. No estaba segura. Solo me metí en una ferretería y agarré todo lo que me parecía útil.
Ah. Esto explicaba por qué ella no había asistido a la reunión. Edward se arrodilló a su lado y miraron detenidamente lo que había en su mochila. La primera cosa que él vio fue varios objetos largos, puntiagudos. Se parecían a los destornilladores, pero con la punta afilada. Había varios de ellos, en varios tamaños.
— ¿Leznas? ¿Para qué son?
— Son afiladas, con su punta rompían cosas por TV. —Explico Bella— Para abrir cerraduras. —Ella hizo una pausa, con expresión pensativa.— O con las tarjetas de crédito. —Frunció el ceño brevemente, entonces maldijo.— Ya sabía que debería de haberme traído el monedero.
Edward realmente no le prestaba atención; siguió revisando el bolso.
— ¿Una llave tubular? —Preguntó, levantando la más grande, un pesado instrumento de fontanero.
Bella se mordió su labio y cambió de posición incómodamente.
— Pensé que tal vez si no podías abrir las cerraduras, podrías romper una ventana.
Edward arqueó su otra ceja, luego sacó un rollo...
— ¿Cuerda? ¿Y Cuerda, Bella? ¿Para qué necesitamos la cuerda?
— En caso de que tuvieras que salir por una ventana del segundo piso. —Explicó defensivamente.
— Es un edificio de una planta. —Indicó.
— Oh, sí. —Miró detenidamente al edificio descontenta, como si el edificio hubiera perdido una planta mientras ella no lo miraba.
— Pensé que habías investigado el lugar.
— Y lo hice. Solamente... —Ella agitó sus manos nerviosamente—. De acuerdo, no tendrás que bajar por ninguna ventana. Podrías atar a alguien, no crees.
— Hmm. —Edward alcanzó el siguiente artículo.— ¿Cinta aislante? —Sacó un rollo de la cinta plateada. Incluso en la oscuridad, podía ver su rubor.
— Papá siempre me decía que no había trabajo donde la cinta anti-conducción no fuera práctica. —Dijo sin mucha convicción. Luego enderezó sus hombros y agregó.— Puedo pegar los cristales antes de que lo rompas, si tienes que romperlo. Esto reduciría el ruido y los cristales. O si tenemos que atar a alguien, con la cinta sería imposible desatarse.
— Pensé que la cuerda era para atarlos.
— Vale. —Dijo con irritación.— Usa la cuerda para atarlos. Puedes utilizar la cinta para amordazarlos y así tener sus bocas cerradas.
Edward casi se rió en voz alta, pero logró contenerse. Obviamente ella había considerado cada eventualidad. Excepto una. No necesitaba ninguna de estas tonterías. Metió todos los objetos dentro de su mochila, Edward la cerró, y se levantó.
— Espera aquí. —Ordenó. Se acercó por el callejón a la puerta lateral.
Como siempre, la mujer no le escuchó, ya que fue detrás suyo. Su voz le salió alarmada cuando preguntó.
— ¿Qué vas a hacer?
— Lo que vinimos hacer aquí. —Contestó.— Robar en el banco de sangre.
Él llamó a la puerta. Bella apenas podía creerlo. No lo podía creer. ¿La idea de Edward de robar en el banco de sangre era llamar a la puerta? Tenía que conseguirle una televisión para que viera lo que era la realidad. Uno no llama y entra por la puerta, como si nada.
Tal vez él había perdido el juicio, pensó pesarosa. Al tener ese pensamiento, Bella lo consideró seriamente. Esto era definitivamente posible. El hambre y el dolor causado por su carencia de sangre podrían haberlo empujado hasta el borde. Ahora podría ser un loco de atar, pensó. Entonces ella le dijo.
— No estás bien. —Refunfuñó en el silencio cuando golpeó otra vez.— La sed de sangre te ha conducido hasta la locura. Tú...
Ella cerró su boca cuando la puerta lateral se abrió. Bella estaba tan sorprendida que simplemente esperó hasta ver al hombre que apareció. Rubio rojizo y joven, llevaba una bata de laboratorio y una expresión de interrogación como fuera normal el que la gente llamara a la puerta trasera a estas horas intempestivas.
Bella realmente no había esperado que nadie contestara, pero, si lo tuviera, habría esperado a otra clase de trabajador en los bancos de sangre. Ellos deberían de estar todos en casa, ¿verdad? Había esperado un guardia de seguridad, o tal vez un miembro de un equipo de limpieza.
Sus pensamientos se distrajeron cuando el muchacho pareció notar que llevaban puestos los pasamontañas. Estaba bastante segura de que eso era la causa del repentino pánico en la cara del hombre. Entonces él comenzó a cerrar la puerta, Bella echó un vistazo a Edward y le dio un codazo. Al parecer, ella no tenía que haberse molestado. Al momento, el hombre se paró. Edward ya estaba controlando su mente.
Solo hubo silencio cuando Edward simplemente miró fijamente al hombre, cuya cara lentamente se puso pálida. Edward preguntó en tono muy agradable.
— ¿Estás solo?
— Sí. —La voz del trabajador salió embotada, como si estuviera drogado.
— ¿Dónde estas las cámaras de seguridad aquí? —Preguntó Edward.
Bella se sintió justificada en haber insistido por los pasamontañas cuando el hombre dijo sí. Aunque, Edward, estaba menos complacido. Ella supuso que él había esperado quitarse su pasamontañas.
— ¿Sería tan amable de mostrarnos la ubicación del suministro de sangre? —Preguntó Edward después. Bella puso los ojos en blanco por su cortesía del viejo mundo. Parecía que este hombre lo hacía todo así. Incluso el irrumpir y entrar.
Cuando el trabajador se dio la vuelta y recorrió el pasillo, Edward echó un vistazo a Bella.
— Espera aquí. Volveré inmediatamente.
— Sí, de acuerdo. —Fue su respuesta. Ella levantó su mochila la puso sobre su hombro y lo siguió dentro. Esta había sido su idea; se condenaría si tuviera que esperar en el callejón, retorciéndose las manos como alguna heroína de débil carácter de una novela romántica.
Edward la miró airadamente. Ella lo fulminó con la mirada echando la cabeza hacia atrás. Moviéndose para seguir al hombre de la bata de laboratorio, dejando que Edward fuera un paso detrás de ella.
Echó un vistazo nervioso alrededor, cuando se acercaron al pasillo. El banco de sangre estaba tan silencioso como una tumba. No fue un pensamiento feliz, decidió, pero esto trajo a su memoria ataúdes y se preguntó donde estarían los de ellos. Obviamente, Edward no tenía que dormir en uno. Mientras él reforzara la oscuridad en su habitación en el hotel colgando una manta sobre las cortinas, no tendría que dormir en un ataúd. Supuso que era algo más que Stoker había entendido mal. Pero, claro, según Edward, él no necesitaba un ataúd porque no estaba muerto. Solamente era algo mayor.
Bella fruncía el ceño, mientras Edward y su guía entraban en una habitación con refrigeradores metálicos y con un cristal a su alrededor. Edward era muy viejo. Ella por lo general prefería salir con hombres de su misma edad. Edward no entraba en aquella categoría. Seguramente podría decir que era el hombre más viejo con el que ella alguna vez se había citado. Tal vez era el hombre más viejo con el que alguien alguna vez se había citado.
Ella hizo una pausa justo en el marco de la puerta y miró como Edward andaba por delante de ella hacia uno de los refrigeradores. Abrió la puerta, revelando las filas del líquido rojo que él tanto necesitaba.
Kate miró detenidamente al hombre de la bata de laboratorio. Él miró completamente todo y nada, un zombi según le interesara a Edward, y ella sintió gratitud en ese momento por tener la mente tan fuerte. Si no, Edward podría haber puesto sus maléficos ojos sobre ella y conseguir de ella todo lo que hubiera querido. Fue un pensamiento alarmante.
Ella prestó atención a Edward, que estaba mirando con interés, como antes había observado su mochila, y apretó sus dientes al pensarlo. El procedimiento fue bastante limpio. Él solo tenía que sorber la sangre directamente por encima ya que sus dientes actuaban como una pajita, porque solamente estuvo de pie allí, con los dientes insertados mientras la sangre pasaba. Fue relativamente rápido. Al final Bella se encontró echando un vistazo nerviosamente encima de su hombro hacia el pasillo mientras acababa.
Edward sorbió ocho bolsas de esa manera, una después de otra. Cuando él había terminado con la última, comenzó a cerrar la puerta del refrigerador. Pero Bella se precipitó hacia adelante y lo paró.
— ¿Qué haces? —Preguntó él cuando ella abrió su mochila. Y comenzó a introducir bolsas en su interior.
— Abastecernos. Las necesitaras mañana. —Le advirtió.— Y no quiero experimentar esto otra vez.
Edward asintió.
— Toma las bolsas vacías, también. —La instruyó. Entonces él se movió hacia el trabajador del banco de sangre, murmurando algo que ella no podía enterarse.
— ¿Qué le has dicho? —Preguntó Bella mientras ellos se apresuraban por el pasillo por donde habían entrado.
— Lo instruí para que cambiara los registros y reflejaran la diferencia, para que no se notara la sangre que falta.
— Oh. —Bella se calló cuando dio un paso fuera del recinto. Sintió el aire fresco sobre su cara en el momento que se quitó el pasamontañas con alivio, y notando que se vaciaba un poco la tensión sufrida. Pero ella no se relajó completamente, no hasta que ellos estuvieran en un taxi y se dirigieran hasta el hotel. Sentía cada hora del reloj, y había sido un largo día. Apenas podía creer que había sido tan fácil. ¿Golpeando la puerta? Jesús que fácil.
La mano de Edward se cerró sobre la suya, y Bella le echó un vistazo por la sorpresa. El hombre en realidad casi se reía. Típico. Al menos, su ceño habitual había desaparecido. Esto era el equivalente de una sonrisa con este hombre, pensó, ahora sus mejillas estaban enrojecidas con el color y las líneas de dolor habían desaparecido de su cara. No podía creer cuanta la sangre había bebido, pero apareció haberle dado resultado. Él parecía más sano de lo que alguna vez lo había visto.
Su mirada cayó sobre la mano que cubría la suya, y giró la suya para entrelazarlas. Sabía que él había sentido la tensión que sufría por el agarre, y él intentaba decirle sin palabras que todo estaba bien. Pero se sentía como una adolescente sosteniendo la mano de su novio por primera vez. Luego se arrepintió cuando llegaron al hotel y él la liberó para pagar al conductor.
Fueron en silencio mientras recorrían el trayecto hasta el ascensor y hasta su piso, Bella se preguntaba si él la besaría y le agradecería su ayuda una vez que llegaran a su destino. Esperaba eso de él. También esperaba de él algo más que eso. Pero ella sabía que no pasaría por que cuando entraron en la habitación, escucharon la televisión. Vieron a Chris echado hacia atrás, relajado sobre el canapé.
— Oh, ¡oye!. Me preguntaba donde estabais metidos los dos. Una entrega llegó cuando te fuiste. —Él señalo hacia una caja grande que estaba sobre la mesa cerca de la ventana.— Está dirigido a Edward Cullen o Bella Swan. Creo que tu hermano debe de ser el remitente. Él debió haberlo calculado todo. —Él vio como fruncían el ceño por sus palabras, luego sacudió su cabeza.— Aunque, creo que la primera caja no debía de haberte llegado aún, sólo ha sido un día. —Él se encogió de hombros.— Sencillamente debe de haberte enviado algo más.
Kate ya no escuchaba. Solo miraba con incredulidad la caja sobre la mesa. Tenía escrito –“B.S.C” sellado a un lado. ¿Banco de Sangre de Cullen? Dios querido. Todo aquella tensión nerviosa y ansiedad había sido para nada.

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