LUZ DE LUNA.
—Quisiera ver al comandante Cullen —explicó en tono amable.
Al ver que el hombre se pasaba un buen rato hojeando con gesto ansioso el libro que tenía delante, estuvo a punto de inventarse una cita.
El hombre alzó la vista, nervioso.
—No veo que esté citada.
—Tal vez, si pudiera decirle al comandante que...
La puerta del despacho interior se abrió. Edward apareció en el umbral, poniéndose la guerrera, y su mirada fue desde su secretario hasta ella. Le pareció tan alto y apuesto como el día en que la llevó a la dahabiya, la desnudó y le dijo que sus condones no le sentarían bien.
—Comandante Cullen.
El corazón de la muchacha latía con una fuerza algo excesiva en su pecho.
Los ojos de Edward se detuvieron en ella.
—¿Qué hace aquí, Bella?
—Necesitaba verlo.
La sombra que le cubría la mandíbula contrastaba con la plata de sus ojos. Era tremendamente guapo y, con su implícita falta de urbanidad, peligroso para ella.
Bella lo observó mientras Edward dirigía la mirada a su secretario.
—¿Cuándo tengo la reunión en el consulado?
—Dentro de una hora, efendi.
Habló en árabe a los hombres que esperaban para verlo y luego se volvió y, en silencio, la invitó a seguirlo. Bella entró en el sanctasanctórum de su despacho. Miró las paredes revestidas de madera y no vio nada que la impresionase. Nada salvo el hombre vestido con uniforme británico que ahora estaba sentado con los codos apoyados sobre la mesa y las manos unidas.
Con la mirada fija en las lóbregas sombras de la habitación, Bella tragó saliva para deshacer el desagradable nudo que tenía en la garganta. No comprendía lo que ocurrió entre ellos en la casa flotante.
No quería que se acostase con otras mujeres, pero tampoco quería que controlase su vida como si su masculinidad le diese algún derecho sobre ella, cuando los hombres siempre tenían amantes. Los deseos de ella no eran diferentes de los suyos.
—Pase, señorita Swan.
YA QUEIRO EL OTRO CAP
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