Esto es una adaptación, ni los personajes ni la trama me pertenecen. Los personajes son de Stephenie Meyer y la trama es de Linsay Sands. Yo solo juego con ellos.
CAPITULO 14
Estaban en la página principal del Daily News.
— Él no se lo dio a su editor, pero no sé quién podría haberlo hecho. —Dijo Kathryn Falk en un tono descontento. Ella había telefoneado a Bella y a Ed a primera hora de la mañana y les exigió que se encontraran con ella en el restaurante principal para desayunar. Bella inmediatamente había sospechado lo peor. Y había estaba en lo cierto.
Se veía miserablemente en la foto del periódico. Estaba Edward, medio levantado y luciendo muy guapo en su traje, y estaba ella, luciendo como alguna chica barata gateando debajo de la mesa para agarrarlo... Suspiró miserablemente y leyó el titular otra vez.
¿Momentos Medievales? Anunciaba en grandes letras.
La editora de Roundhouse Publishing, Bella Swan agarra con todo el gusto posible al escritor de romance vampírico, Edward Cullen , mientras Kathryn Falk, Lady Barrow, Directora General y fundadora de la revista Romantic Times, no dejaba de mirarlos en el baile renacentista de anoche.
Bella gimió y comenzó a cerrar de un golpe el periódico, pero hizo una pausa para releer una nota del escritor. Ella miró con mayor cuidado la fotografía.
— Cuando coloqué mis manos sobre ese hombre, voy a... —Comenzó Lady Barrow.
— Yo pienso que dice la verdad. —La interrumpió Bella cansadamente.
— Me parece a mí que el flash del hombre del periódico se apagó justo cuando yo salía de debajo de la mesa. Tú estabas todavía allí abajo. Pero tú estás en la foto.
Lady Barrow tomó el escrito y lo miró fijamente con el ceño fruncido.
— Creo que estás en lo correcto. ¿Pero quién pudo haberla tomado? Las cámaras no estaban permitidas. Habíamos contratado a un fotógrafo para tomar fotos de la gente. Los únicos invitados con cámaras fueron reporteros y... —Su voz se desvaneció, sus ojos se estrecharon.— Qué, que..—Ella se cortó sí misma, claramente disgustada.— Si me excusáis, tengo algo de lo que encargarme.
Ella se levantó, luego hizo una pausa y forzó una sonrisa.
— No te preocupes por esto. Es una tempestad en un vaso de agua. Pasará rápidamente si no das entrevistas acerca de eso.
Bella y Edward asintieron, entonces vieron que Lady Barrow partía del restaurante, no dudaba en desollar a cierto fotógrafo.
Bella suspiró. Edward también lo hizo. Evitaron mirarse el uno al otro. Habían estado evitando mirarse desde anoche. Jodi había ayudado a desenredar la manga de Bella de su calzón, después de eso él prontamente se había excusado. Bella se había puesto en la mesa donde Jodi y las otras escritoras habían tratado de animarla, mientras Chris había intentado valientemente no reírse de ella. Chuck había venido dos veces para hablarle a las escritoras y llamar su atención hacia ella. Allison había venido al menos tres veces para asegurarle que todo estaría bien. Chris había intentado nuevamente no reírse.
Cuándo Edward no había regresado después de media hora, Bella se había excusado y había vuelto a su suite. Edward justamente estaba saliendo de su cuarto. Su mirada había tropezado con la de ella, entonces la apartó rápidamente cuando él le preguntó si la fiesta se había acabado. Bella le había dicho que no, pero que ella tenía dolor de cabeza y quería acostarse. Él hizo un comentario compasivo, le dijo que él justamente había subido las escaleras por una bebida, de lo cual ella entendió que él había quería decir algo de sangre, entonces se había dicho que quizás él también se relajaría en la suite.
Bella solamente se había encogido de hombros. Se sentía deprimida y miserable, un fracaso gigantesco en la vida y se preguntó cómo todo había terminado tan mal.
Y eso había sido antes de que su locura fuera exhibida por el periódico.
Ella suspiró otra vez.
— Supongo que deberíamos encaminarnos a la recepción. —Sugirió finalmente Edward.
Bella hizo una mueca. Ella lo había arrastrado al desastre desde el primer día. Ahora él estaba ansioso por irse. Y ella no lo estaba. La última cosa en el mundo que Bella quería era ir a cualquier lugar donde se tuviese que enfrentar a Chuck Morgan. Si el editor no había estado satisfecho con ella anoche, entonces hoy, después de ver los titulares, estaría lívido. Si ella todavía tuviese su trabajo para el mediodía, entonces sería una mujer afortunada.
Pero, ella se dijo a sí misma, que no tenía sentido evitarlo. Ella también podía aprender de la horrible verdad.
* * * * *
No era tan malo como se había temido. De alguna manera era peor. Bella todavía tenía un empleo. De hecho, Chuck estaba terriblemente satisfecho con la publicidad. Edward había estado en primera página, después de todo. Como si hubiese sido Roundhouse Publishing. El hombre la felicitó como si su humillación pública fuera una especie de gran esquema promocional. A Bella le habría gustado estrangularlo. Hacia el final del día, ella decidió que si él la felicitaba de esa manera por más tiempo, entonces lo haría.
Fue más que un alivio para Bella cuando cerraron la recepción y todo el mundo estuvo libre para prepararse para la fiesta de la noche de Rock 'n' Roll.
Miró a Edward. El hombre había salido de su concha con una venganza. Cada vez que ella lo había mirado hoy, él había estado hablando con un fan o un escritor. Bella no pudo estar segura, pero sospechaba que él había tenido más conversación desde su llegada a esta convención de la que había tenido en varias décadas atrás. Él estaba más locuaz conforme pasaban los días, y hoy no había sido la excepción.
Por supuesto, no había ni un solo asistente del congreso que no hubiera visto los titulares. Las noticias sobre la situación también habían sido la comidilla, y mientras la mayoría de la gente habían sido terriblemente compasivas con ella y Edward, hubo unos cuantos que reían disimuladamente. Ellos ofrecieron sus "Pobres de ustedes queridos" o su "qué bochornoso debe ser esto para ustedes," mientras, no obstante, se reían ahogadamente. Por supuesto, Edward no sufría esas pequeñas risas disimuladas. Todo el mundo pareció sentir gran simpatía por él, guardando toda su diversión para ella.
Lo cual era lo que normalmente pasaba, pensaba Bella cansadamente mientras ella caminaba hacia la mesa con Edward y los otros escritores. La mujer siempre sufrió el desprecio y la humillación, mientras el hombre se quedaba con la gloria o la simpatía. Desafortunadamente, aunque lo intentara, ella no podía estar enojada con Edward por la manera en como la gente actuaba. Él se había disculpado repetidamente mientras Bella y Jodi habían trabajado para desenredar su calzón, y ella sabía que él realmente se sintió mal con todo eso. Pero no había sido su culpa. Había sido solamente uno de los desafortunados incidentes de la vida.
Edward la recorrió con la mirada mientras ella se acercaba, y Bella logró sacar una sonrisa de las profundidades de sí misma.
— ¿Lista para irte? —Le preguntó.
— Sí. —Ella le sonrió, luego a la mesa en general.— Es tiempo de prepararse para la Fiesta de "Rock’n'Roll".
Edward se levantó y tomó su mano, recorriendo su cara con su mirada, con un tinte de lo que ella pensó podría ser preocupación.
— Te ves cansada.
— Fue un día largo. —Bella estuvo de acuerdo con un pequeño encogimiento de hombros. Dejaron la recepción. No hablaron otra vez hasta que alcanzaron sus propias suites. Chris no había regresado aún, y la suite estaba vacía y silenciosa.
— ¿Qué lleva uno puesto a una fiesta de rock and roll? —Le preguntó Edward cuando cerró la puerta tras ellos.
— Bien, pienso que es una fiesta de algún tipo de melodía del ayer. Los años cincuenta. Será Jeans y camisetas. Yo compré una chaqueta de cuero y botas para que te las pusieras. —Le explicó Bella. Ella había dicho que se encargaría de todo, y esa era la mejor de sus habilidades.
— ¿Una chaqueta de cuero? —Preguntó Edward, con una ceja levantada.
— Sí. ya sabes, el look de Fonzie.
— ¿De quién?
Ella miró su expresión desconcertada, luego recordó que él no veía la televisión. Él tenía ese peso, ella se percató con asombro.
— Él es un fresco personaje de una serie de los años cincuenta. Chaqueta de cuero, pantalones vaqueros, botas de cuero y el pelo engrasado hacia atrás. Muy fresco.
— Ah. Si, recuerdo un par de personajes como esos de aquellos días. —Asintió Edward.— ¿Pero cómo sabías la talla de las botas que me conseguiste?.
Bella se sonrojó y se encogió de hombros, luego se volvió hacia su puerta. Ella estaba escabulléndose a través de ella cuando admitió:
— Telefoneé a tu madre y le pregunté.
Ella no esperó por su respuesta, simplemente cerró la puerta ante su alarmada expresión. Luego fue a sacar la ropa empaquetada. Tomó la bolsa, manteniendo la chaqueta de cuero y las botas sobre la cama, luego sostuvo la bolsa transparente sobre su traje para inspeccionarlo. Ésta iba ciertamente a ser una aventura. El disfraz no parecía del todo atractivo. Ella habría apostado cualquier cosa a que esas crinolinas causarían comezón como locas.
Realmente, había estado equivocada, admitió Bella más tarde cuando se examinó en el espejo. Llevaba puesto zapatos para montar, calcetines, falda rosada de perro de lanas y un suéter crema haciendo juego. Se había recogido el cabello en una cola de caballo y aplicado un maquillaje luminoso, parecía que tuviese dieciséis años. Ella negó con la cabeza mientras reflexionaba, luego decidió que estaba lista y salió andando para recoger la bolsa con el traje de Edward.
Chris y Edward estaban viendo televisión cuándo Bella se unió ellos en la sala de estar, y su mirada se deslizó como el aceite de la cabeza de uno hacía el otro. Ella quedó con la boca abierta.
— ¿Qué os habéis hecho los dos en el pelo?
Chris se volteó y sonrió abiertamente.
— ¿No es genial? Edward me ayudó con esto. No traje una chaqueta de cuero, pero él dijo que si pegaba un paquete de cigarrillos bajo la manga de mi camiseta me vería genial.
Bella miró a Edward. Grandioso. Ahora ella tenía a dos engrasados Fonzies en sus manos. Aún, aparte del peinado, estaban muy diferentes. El pelo de Chris era claro, mientras que el de Edward era tan oscuro como la medianoche. Chris era alto y desgarbado, en lugar de tener la anchura muscular de Ed. La camiseta de Chris era evidentemente blanca; La de Edward era negra y se ajustada a su pecho, mostrando cada onda de sus músculos. Dios mío, él se veía ardiente. Aún con tanta grasa en su pelo como para freír donnuts.
— ¿Esto es para mi? —Edward se levantó y caminó hacía ella, su mirada la recorría en una lenta caricia.
— Sí. —Bella le dio la bolsa de la ropa, consciente de que su cara estaba ruborizada. Ella no sólo lucía como una chica de dieciséis años, se sentía de dieciséis en ese momento.
— Te ves adorable. —Le dijo en un suave susurro.— Dulce y linda. El retrato de la juventud.
Dulce y linda. Bella meditó sobre esas palabras mientras Ed desenvolvía sus botas y la chaqueta, luego se las puso.
— Los cachorritos son lindos. ¿Y quién quiere lucir como "el cuadro de juventud"?
— Un Ataque perfecto.
Bella recorrió con la mirada a Edward mientras él se estiraba, probando sus hombros en la chaqueta. Su mirada no se quedó en sus hombros, sino que se desplazó sobre su pecho donde los músculos se agrupaban.
Linda y joven. Ella suspiró.
— Luces maravilloso. —Chris se unió a ellos en el centro del cuarto— Emprendamos la marcha. Tengo que detenerme a recoger un paquete de cigarrillos para pegarlos bajo la manga.
Bella logró arrancar su mirada del pecho de Edward. Ella inclinó la cabeza asintiendo, entonces se dio la vuelta para dirigir la partida.
* * * * *
La fiesta de Rock 'n' Roll estaba en plena actividad cuando llegaron. Bella dio una mirada a los bailarines, en su mayor parte mujeres, y se sobresaltó. Algunos de ellos eran muy buenos. Otros obviamente no tenían ni idea de lo que estaban haciendo. Bella se temía mucho que ella caería en la última categoría.
— ¿Supongo que tú conoces los bailes? —Le preguntó a Edward. Ante su afligida expresión, él sonrió abiertamente con una de esas raras sonrisas y asintió.
— Bastante bien, realmente. —Luego agregó.— Te enseñaré.
Para Bella, que era de las que opinaba que tenía dos pies izquierdos, eso sonaba como una gran amenaza. Pero Edward fue un maestro muy bueno y, siendo uno de los pocos hombres, tuvo mucha demanda. Él llevó todo con una gran elegancia que casi envió a Bella al estado de coma. Ella lo vio bailar con casi veinte mujeres a la vez. Él las alineó en filas, enseñándoles pacientemente los pasos en medio de muchas risas nerviosas, luego giró en espiral a las mujeres casi en el aire con la fuerza y la vitalidad de un toro. Las mujeres pensaban que era maravilloso. Bella, también. Ella no podía creer que éste era el mismo hombre hosco que una vez había cerrado de un golpe la puerta en su cara. Este hombre sonreía. Tenía la paciencia de Job. Este hombre era el sueño de toda mujer. Ella le dejó que le enseñase como bailar.
La fiesta estaba muy divertida, pero Bella había tenido un día lleno de tensión y se dio cuenta de que estaba cansándose muy temprano. Edward aparentemente advirtió los bostezos que ella trataba de ocultar.
— Tienes que irte. —Le dijo y la acompañó. Luego la estuvo sermoneando todo el camino de regreso a su suite, la mayor parte sobre que no comía lo suficiente. Él aparentemente había notado que ella había estado muy ocupada hablando con sus escritores como para comer más que unos pocos bocados del buffet.
— No me gusta eso. Tienes que cuidarte mejor. —Insistió él firmemente.— Gastas demasiado tiempo y energía en nombre de tus escritores, incluyéndome a mí mismo. —Se quejó.
Bella trató de defenderse, diciendo que era sólo una semana al año. Edward no fue lo suficientemente tonto como para creer eso.
— Jodi mencionó muchas otras convenciones que se celebran durante todo el año. —Le dijo.— Y te he escuchado frecuentemente trabajar todas las noches y aún los fines de semana, editando y leyendo libros.
Bella hizo una nota mental de bloquear a Jodi de su mensajero instantáneo de Windows a altas horas de la noche, si el escritor necesitaba hablar con ella. Ella siempre mantenía activo su mensajero instantáneo mientras estaba en la oficina, en el caso de que alguno de sus escritores tuviese una pregunta. Jodi a menudo le recriminaba porque trabajaba mucho, pero la última cosa que Bella necesitaba era que Edward supiera que ella no tenía vida social en absoluto.
Por supuesto, él aparentemente había perdido el interés en buscar la pasión que brevemente habían compartido. Él no había intentado nada desde esa primera noche y la mañana siguiente. Eso había sido el martes y el miércoles. Ahora era viernes por la noche, y aparte de sostener su mano de una manera tranquilizadora, Edward no había hecho nada para iniciar algo como lo que había ocurrido.
Por supuesto, ni ella tampoco, Bella lo admitió para sí misma. Ella lo miró considerándolo. Quizá...
— Te vas a ir a la cama inmediatamente, en cuanto regresemos a la habitación. Y no quiero verte de nuevo al menos hasta las siete de la mañana. Eso significa diez horas de sueño. Lo necesitas. —Dijo Edward firmemente, interrumpiendo sus pensamientos cuando salían del ascensor.
Bella suspiró interiormente. No había ningún "quizá" sobre eso; El hombre no estaba interesado en acostarse con ella más, y él simplemente se aseguraba de que ella no siguiera con la idea. ¿Habían sido esos primeros dos apasionados encuentros causados puramente por su necesidad de sangre? Quizá él deliberadamente la había seducido sólo en un esfuerzo por "tener un pedacito de comida". Quizá ella no había notado su falta de interés verdadero las primeras dos veces porque había estado tan abrumada, no había sido consciente del hecho de que él deliberadamente podría excitarla para morderla. Ella ciertamente se había dado cuenta de eso la tercera vez y lo advirtió entonces, pero sólo hasta que el practico y deliberado asalto a sus sentidos la había abrumado. Quizá él no estaba interesado en ella como algo más que una cena.
¿Por qué había pensado ella lo contrario? ¿Y cuándo eso había comenzado a significar tanto?
Bella suspiró infelizmente cuando entraron en su suite. Más bien era desalentador ser nada más que un bocadillo.
— Duerme bien. —Edward le dio un suave empujón hacia la puerta de su dormitorio, y Bella pasó sin comentarios. Murmuró un buenas noches antes de deslizarse dentro, pero eso era sólo a causa del orgullo. Sus hombros cayeron bruscamente, su corazón dolió cuando comenzó a desvestirse.
Edward observó la puerta cerrada detrás de Bella y frunció el ceño para sí mismo. La mujer trabajaba demasiado, comía muy poco, y se mataba por mantener a todo el mundo feliz, incluyéndose a sí mismo. Ella necesitaba descansar. Necesitaba comer más. Y, sobre todo, necesitaba relajarse. Él podría pensar en muchas formas para ayudarla a hacer eso. Desafortunadamente, la mayoría implicaba a los dos desnudos, y él no estaba del todo seguro de que ella le diera la bienvenida ahora que conocía la verdad acerca de él. En su experiencia la mayoría de las mujeres sentían repulsión por su estado como vampiro. Bella ciertamente no era la primera mujer que había conocido su secreto a través los años, y él había encontrado, que la mayoría de las veces, le temían al saber la verdad. Para mantenerse a sí mismo y a su familia seguro, a menudo había tenido que esforzarse para poner un velo sobre sus memorias, o persuadirlas de que la revelación había sido simplemente un sueño.
Sin embargo, Bella no se había mostrado asustada. Ella parecía mirar su vampirismo tan sólo como un problema. Ed era un vampiro, pero él también era uno de sus más exitosos escritores, y él necesitaba sangre. Ella había tenido que encontrarle un poco. Aún había estado dispuesta a permitir intimidades en el cuarto de aseo de hombres para ayudarlo. Aparte de eso, sin embargo, ella no había mostrado signos de interés.
Él recordó, su primera noche ahí y la primera mañana, cuándo se habían encontrado a si mismos en circunstancias apasionadas. Pero eso había sido antes de que Bella supiera que él era un vampiro. Ella muy bien lo podría encontrar repulsivo ahora.
Repentinamente consciente de la tensión en su cuello y sus hombros, Edward se quitó la chaqueta de cuero y la lanzó sobre una silla. Rotó primero uno de sus hombros luego el otro, luego la cabeza igualmente, tratando de aliviar los músculos. Era obra de Bella. Él deseaba saber lo que ella estaba pensando y cual era su punto de vista. Quería que lo quisiera. Él la quería. Sonrió. Era un deseo tonto. Bella era una mujer moderna con aspiraciones en su carrera y una vida y un hogar en Nueva York. Ella había dejado la vida en la somnolienta Nebraska para dedicarse a un trabajo en la industria editorial. Ella apenas dejaría eso por mudarse a Canadá para tener un romance, y Edward no la conocía lo suficientemente como para estar seguro de que él quería una vida con ella. Para el humano común, un mal matrimonio eran sólo cuarenta o cincuenta años de sentencia; Para él podría ser mucho, mucho más largo.
Su mirada se deslizó por el pequeño bar de la esquina, y consideró tomar un whisky antes de irse a la cama. Pero decidió lo contrario. No era muy bebedor y no quería comenzar a relajarse con ello. El alcohol había causado serios daños a su padre, Claude, casi matándolo al final.
Encogiéndose de hombros, decidió que podría mejor ir a dormir.
La primera cosa que sintió cuando entró en su cuarto fue el suave aroma de la sangre en el aire. Luego se dio cuenta de que la lámpara del lado de la cama estaba encendida, y se puso rígido. Él la había apagado antes de salir a la fiesta. Ahora estaba encendida. Su cuerpo comenzó a bombear adrenalina del mismo modo que su mirada barría el cuarto.
La puerta del refrigerador parcialmente abierta, y las bolsas de sangre cortadas que yacían ante el, explicaban el perfume en el aire. Aparte de eso, ninguna cosa parecía perturbada. No parecía estar alguien alrededor. Por supuesto, el perfume de sangre era tan denso que su habilidad usual para sentir a cualquiera cerca estaba obstaculizada.
Él dio un paso hacia su suministro de sangre saqueada, intentando ver si algo era recuperable. Pero al tiempo que lo hacía, escuchó el susurro del balanceo de la puerta del dormitorio cerrarse detrás de él. Él giró sólo para sentir la estaca estrellándose contra su pecho.
Bella se había quitado sus ropas y se debatía entre tomar una ducha o simplemente irse a la cama cuando escuchó un estrépito. Hizo una pausa, inclinando la cabeza para escuchar. Cuando algo se estrelló duramente contra la pared que separaba su cuarto del de Edward, ella agarró rápidamente su bata, la arrastró hacia adelante, y ató el cordón mientras corría a la sala de estar.
La puerta del cuarto de Edward estaba cerrada. Bella no se molestó en golpear la puerta, sino que la empujó y entró de prisa. Ella casi chocó violentamente contra dos hombres en pleno combate. Al principio, todo lo que veía era a los dos hombres enfrentándose el uno al otro, luego vio la estaca, su punta enterrada en el pecho de Edward y la sangre rezumándose fuera. Ella gritó con horror, aunque no supo que lo hizo. Escuchó el grito como un sonido distante.
Al final, salió de su parálisis, y miró salvajemente alrededor. La única arma que podía ver eran las lámparas que estaban al lado de la cama. Corrió a agarrar una, mientras maldecía porque la condenada cosa no se movió. Estaba sujeta a la mesa de noche. Su mirada se lanzó hacía Edward y su asaltante. Había más sangre, y le dio la impresión de que la estaca se había profundizado más. Edward parecía estar debilitándose. Aún no había una sola maldita cosa alrededor para usarla como arma. Desesperada, agarró una almohada y se lanzó bateando al desconocido, luego lo golpeó con la almohada en la cabeza y en los hombros. Su ataque tuvo poco efecto en el hombre. Él ni siquiera miró alrededor.
Dando rienda suelta a un aullido de furia cuando su mirada se desvió a la cara pálida de Edward, Bella cogió la almohada por cada extremo la balanceó sobre la cabeza del asaltante y la enterró de un golpe en su cara. Agarrándolo firmemente, intentó escalar la espalda del tipo. Para su alivio, él soltó a Edward y tropezó hacia atrás, tratando salvajemente de agarrarla. Ella logró evitar los azotes de sus manos, y se agarró de la almohada tanto como podía. Él posiblemente no podría respirar con esto, y ella rezaba para que él se desmayara antes de que lograse atraparla.
Ella soltó un "oomph," pero logró quedarse en su espalda cuando él se tambaleó para atrás, hacia la pared cercana al armario. Bella se agarró, sabiendo que ella y Ed estarían perdidos si ella no lo hacía.
Bella recorrió desesperadamente con la mirada a Edward. Él estaba sobre sus rodillas en la cama, sus manos débilmente agarrando la estaca en su pecho. Ella recordó que él había dicho que una estaca lo mataría si era dejada adentro demasiado tiempo, y ella supo que tenía que acercarse a él rápidamente. Sus pensamientos estaban dispersos como el hombre que estaba montando que golpeaba hacia atrás, esta vez lanzándolos dentro del armario. Bella gruñó cuando su cabeza se estrelló contra la barra de ropa.
El dolor fue como una explosión dentro de su cabeza, cegándola con destellos blancos detrás de sus ojos. Ella quiso agarrar su cabeza y sostenerla en sus manos hasta que la agonía pasara, pero no podía soltarse de la almohada y estuvo así colgando ciega y en agonía, aferrándose a la conciencia por un hilo.
Cuando el dolor finalmente comenzó a decrecer, Bella no estaba segura de cuánto tiempo había pasado. Le tomó un momento antes de percatarse de que su campo visual se había alterado. Ella estaba en el suelo. Fijó su atención en el hombre a quien le pegó, y vio que él se había hundido hasta las rodillas, llevándola con él. Ella dejó sus pies caer al piso, regresando su mirada a Edward. La alarma la recorrió otra vez. Él caía hacia delante, con la cabeza hacia abajo. Comprendiendo que no podía esperar más tiempo a que su asaltante se desmayara por la falta de oxígeno, soltó un extremo de la almohada para registrar alrededor del piso del armario.
Trató de mantener la almohada encima de la cara del hombre con una mano, pero era consciente de que estaba fallando. Le oyó tomar grandes boqueadas de aire, y supo que no tardaría mucho para que él se recuperara y se convirtiera en una seria amenaza nuevamente. Ese pensamiento apenas había logrado aterrorizarla cuando la mano de Bella tropezó con algo. Ella lo agarró rápidamente, reconociéndolo como un zapato, y sin pensar lo lanzó hacia abajo sobre la cabeza de su asaltante. Él no cayó inmediatamente hacia adelante bajo el golpe, y ella se percató de que sostenía el zapato por el talón. Perdió las esperanzas de poder mantener la almohada en su lugar, dio la vuelta al zapato y esta vez lanzó el talón por la parte de atrás del cráneo de su enemigo con toda la fuerza que pudo reunir.
Para su gran satisfacción, el golpe funcionó: el hombre cayó silenciosamente hacia delante, sobre su cara. Dejándolo donde él cayó, Bella forcejeó con sus pies y tropezó encima de Edward.
La primera cosa que hizo fue agarrarlo por los hombros y alzarlo. Él cayó sobre su espalda sin hacer ningún sonido. Su cabeza se golpeó ruidosamente contra el piso, duro, y sus rodillas dobladas, sus piernas inferiores atrapadas bajo él. Bella le miró tristemente. Él estaba gris. Ella nunca le había visto ese color. Pero ella no podía decir que había perdido mucha sangre. La estaca todavía sobresalía de su pecho, permitiendo sólo un poco de filtración. Pero ella recordó que él dijo que el corazón no podría bombear con una estaca allí, y ella supo que si no se la quitaba, entonces moriría.
La estaca estaba hecha de madera ligera de las que usualmente encontrabas en algunos lugares, y parecía como una clavija o algo por el estilo. El asaltante de Edward había comprado y afilado una clavija con el fin de enterrarla en Edward. Ahora ella tendría que quitarla o él moriría.
Ella no perdió el tiempo pensando en lo que estaba haciendo; sabía que cada segundo contaba. Una vez a su alcance, agarró la clavija firmemente y tiró de el, lo cuál no era tan fácil como había esperado. Ella realmente no había pensado en eso, pero si lo hubiese hecho, entonces Bella supuso que habría esperado sacarla como un cuchillo de la mantequilla. El cuerpo de Edward no era mantequilla. Había algo de resistencia para la extracción, y tuvo que ejercer alguna fuerza. El sonido de chapoteo que se oyó cuando ella la quitó hizo que la poca comida que había logrado engullir en la cena amenazaba con aparecer nuevamente.
Bella se la tragó resueltamente. Echando a un lado la estaca, ella cubrió rápidamente la herida en el pecho de Edward cuando la sangre comenzó a salir a raudales en grandes chorros. Ejerció presión en un esfuerzo para evitar que sangrara hasta morir, rezando todo el tiempo para que su sangre reparara el daño. Cuando ella se sentó allí, se preguntó si realmente estaba ayudándolo a salvarle o estaba matándole.
Se sentó por varios minutos, solamente presionando sobre su pecho, hasta que advirtió un gemido del asaltante de Edward. Ella se sintió dividida entre seguir conteniendo la sangre de Edward, o de alguna manera incapacitar al hombre otra vez. Le pareció que si el hombre se recuperaba, entonces ella y Edward probablemente estarían muertos. Seguramente él remataría a Edward, luego la mataría por ser un testigo. Por otra parte, ella se arriesgaría a que Edward se desangrara hasta morir si lo dejaba.
Su mirada regresó a la cara de Edward y ella vaciló, luego cautelosamente quitó sus manos de su pecho. Para su gran alivio, la sangre no seguía brotando como antes. Su cuerpo se reparaba a sí mismo. Ella esperaba eso, o él estaría muerto.
Desterrando ese pensamiento, Bella afirmó sus pies y miró con atención alrededor del cuarto para ver si encontraba algo con que atar a su enemigo. Descubrió la mochila negra con todos los accesorios para el robo, y el alivio se extendió a través de ella. Se la había dado a Edward tras tomar la sangre con él y nunca se había molestado en pedirla de regreso. Apresurándose a cogerla, encontró la cuerda, pero la echó a un lado y cogió en cambio la cinta y el cuchillo. No era muy buena con los nudos. Además, sospechaba que con la cinta sería más difícil para el hombre liberarse.
Otro gemido de su asaltante hizo que Bella corriera a su lado. Ella agarró sus manos detrás de su espalda y rápidamente empezó a envolver la cinta alrededor de sus muñecas, corriendo el rollo entre sus manos y brazos por precaución. Una vez que estuvo segura de que él no podría liberarse, se desplazó a sus pies y amarró sus tobillos de la misma forma. Luego lo rodó sobre su espalda para que él quedara sobre sus manos atadas, y comenzó a envolver cinta sobre su boca y alrededor de su cabeza. Sería doloroso quitarse la cinta del pelo, pero a ella no le importó. Él merecía eso y más.
Estaba justamente terminando cuando los ojos del asaltante repentinamente se abrieron. Ella dio un salto cuando él empezó a sacudirse, tratando de liberarse. El odio brillaba en sus ojos. Ella encontró su mirada por un momento, luego acabó con la cinta, ignorando sus inútiles forcejeos.
Si Edward hubiera sido un hombre normal, entonces habría telefoneado a la policía. Pero Edward no era un hombre normal. ¿Cómo podía explicar ella la situación? La mirada de Bella barrió el cuarto, cayendo sobre la puerta del refrigerador parcialmente abierta y las bolsas acuchilladas de sangre. No podría explicar eso a la policía. No, actuaría sin ayuda de nadie.
Obligando a sus pies a moverse, Bella regresó casi a regañadientes al lado de Edward. Luego vaciló, insegura de qué hacer. Todavía no parecía que hubiese una gran pérdida de sangre. Por otra parte, sospechó que probablemente llevaría un montón de sangre enmendar el daño hecho a Edward. Él necesitaría sangre.
Sus ojos fueron a su boca. El no parecía respirar, y mucho menos capaz de tomarla de ella. Además, ella vio que la herida en su pecho no manaba. No sangraba del todo. Más que todo, ella estaba segura de que el hueco estaba más pequeño y había menos presencia de sangre.
Bella recordó que Edward le había dicho que había algo en su sangre que era usada para reparar lesiones. ¿Estaba usando eso la sangre aun ahora? Podría eso repararlo y mantenerlo vivo... si él estaba todavía vivo.
Bella se inclinó hacia adelante y agarró los bordes harapientos de la camiseta de Edward donde la estaca la había desgarrado. Ella la rasgó, agarró una tira larga de tela. Colocándola sobre el suelo al lado de ella, colocó su cabeza sobre el pecho de Ed para tener una visión más cercana de su herida. Sí, había definitivamente menos sangre. Seguramente, ¿ese era un signo de que él todavía vivía?
Mordiéndose los labios, recorrió con la mirada el cuchillo en su mano. Él no podría alimentarse de ella. ¿Pero le podía alimentar ella?
Actuando antes de que pudiera pensar acerca de eso y cambiara de opinión, Bella cortó su muñeca, luego la mantuvo sobre su herida, permitiendo que su sangre goteara libremente en ella. Se quedó allí, parando sólo cuando comenzó a sentirse un poco mareada. Luego ella rápidamente cogió la tira de la camiseta que había desgarrado. Usando eso, ella vendó apretadamente su muñeca. Fue un procedimiento embarazoso, pero se las ingenió.
Por último, Bella se recostó y lanzó una mirada al hombre que había atacado a Edward. Él estaba donde le había dejado, todavía apretadamente amarrado. Si él hubiera luchado contra la atadura, entonces lo habría hecho rápido. Notando eso con alivio, ella devolvió su atención a Edward. Sus ojos estaban todavía cerrados, su cara pálida y quieta. Él no abrió sus ojos o le sonrió como había esperado. La herida no se cerraba milagrosamente. No era cualquier cosa como en el cine. Ella deseó que lo fuera.
Bella se decidió por una larga vigilia. No estaba del todo segura de que él abriría esos ojos de plata, pero ella no iba a rendirse.
El cansancio la alcanzó, Bella se movió para quedar al lado de él y apoyó su dolorida cabeza sobre su hombro sano. Ella yació allí en silencio por un momento, escuchando, pero no encontró ningún latido con sus orejas. La estaca había parado su corazón. Ella sólo no estaba segura si lo había detenido para siempre.
— Regresa a mí, Edward. —Murmuró ella, cerrando sus ojos para bloquear la luz.— Por favor.
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