miércoles, 9 de marzo de 2011

Nuevo capitulo VAMPIRO, BLANCO BUSCA....

Esto es una adaptación, ni los personajes ni la trama me pertenecen. Los personajes son de Stephenie Meyer y la trama es de Linsay Sands. Yo solo juego con ellos.


CAPITULO 13


El baile Renacentista fue fatal. Al pensar en la era, Edward había olvidado una cosa: Los vestidos que las mujeres usaban. Infelizmente lo recordó cuando Bella salió de su dormitorio y entró en la sala de estar común.

Ella vestía un completo traje Isabelino de brocado de Borgoña y lazos blancos. El vestido tenía un corpiño de terciopelo con el pico tradicional. Su larga falda y sus mangas eran plisadas. Lucía preciosa. Verdaderamente. Pero el corpiño era el qué realmente hacia al vestido; forzaba sus pechos juntos y altos tanto que parecían listos para salirse en cualquier momento. La boca de Edward comenzó a hacerse agua en el momento que ella apareció. Luego él se dio cuenta de que no sería el único mirando esas deliciosas esferas en semejante exhibición. Bella iba a vestir esa maldita cosa en público. A él no le gustó para nada ese pensamiento.

Edward había abierto su boca para decirle eso cuando ella se congeló y parpadeó.

— ¿Qué diablos tienes puesto? —Preguntó ella.

El se tensó sorprendido. Recorriendo con la mirada el traje azul oscuro que vestía, él dijo:

— Este es un traje tradicional del siglo XVI. ¿No lo habías ordenado tú?

— Si, por supuesto. Pero yo sólo les dije el talle y no especifiqué... —La voz de Bella se desvaneció, y ella lo miró ceñudamente.

— ¿No te agrada?

— ¿Agradarme? Bueno, es sólo... luces un poco... er... frufrú. —Dijo ella finalmente.— Quiero decir... el calzón© negro hace lucir a tus piernas bastante bien, pero...

— Se llaman calzas. —Le informó Edward. Él todavía estaba tratando de deducir que significaba frufrú. No sonaba galante, la manera en que ella lo dijo. Desafortunadamente, él no estaba al día con los eufemismos modernos. Realmente debería salir más a menudo.— Pensé que habías editado romance histórico también. —Dijo él, tal vez con un toque malhumorado.

— En su mayor parte medieval. —Explicó ella.— El Renacimiento no fue tan popular. —Ella frunció sus labios, luego giró un poco hacia un lado.— Entonces, ¿qué es eso... er... ella señaló el dirección a su ingle— esa cosa de pato?

Edward suspiró.

— Es un calzón.

— Oh. —Ella inclinó la cabeza lentamente, considerando el más bien exagerado artículo.

Edward miró hacia abajo y lo consideró también. Era enorme, una hinchada y severa bolsa ornamentada con varias alfileres enjoyadas. Era también un poco deformado y vagamente se asemejaba a un pato. Este era obviamente un traje del Renacimiento temprano. El calzón se había dejado de usar durante el reinado de la Reina Isabel.

— He leído acerca de eso, pero pensé que supuestamente eran... er... más redondos o algo por el estilo. Te vas a lastimar. Alguien caminará hacia ti, chocará contra eso y...

— ¡Hey, vosotros dos lucís bien! —Chris salió de su habitación vistiendo un traje rojo y borgoña no muy diferente al de Edward. Su calzón era, sin embargo, un poco más normal.

Edward sonrió al hombre más joven, sintiendo la tensión escurrirse de él. A él no le importaba tener a Bella criticando su traje, aun peor era tener su atención enfocada en su calzón. Saber que ella estaba mirándolo fijamente hizo a un pedacito de su anatomía agitarse de interés.

— Entonces... —Chris recorrió con la mirada a los dos— ¿...estamos listos para irnos?

* * * * *

Bella sabía ciertamente que sus pechos iban a salirse repentinamente de su traje. Ella estaba haciendo su mejor esfuerzo para no respirar, para impedir que eso sucediera, pero cada vez que ella tenía que inclinarse también decía una pequeña plegaria para que permanecieran en su lugar. Afortunadamente lo hicieron, pero cada vez que ella se enderezaba era para encontrar a Edward echando fuego por los ojos a todo hombre que pudiera verla. Bella lo encontraba más bien divertido. Lo que ella no encontraba divertido era la manera que las mujeres estaban mirando al calzón de Ed. Esa maldita cosa centellaba y brillaba, los alfileres enjoyados atrayendo toda la luz. Los propios ojos de Bella habían sido atrapados repentinamente también. Era malditamente embarazoso lo distrayente que era esa cosa. Edward no parecía darse cuenta. Si él era consciente de la manera en que doscientas mujeres en la habitación estaban mirando estúpidamente a su ingle, él pretendía no estarlo y caminaba con orgullo. Ella no sabía de dónde obtuvo el coraje. Si ella tuviera que caminar vistiendo conos centelleantes en sus pechos, habría estado encogiéndose y tratando de esconderlos.

— Wow, que éxito, ¿no?. —Comentó Chris.

Bella miró alrededor al entretenimiento. Había músicos, bufones, bailarines y trovadores. Realmente se asemejaba a lo que ella imaginaba que sería un baile con una apariencia antigua. Su brazo se apretó al brazo de Edward y ella se inclinó hasta su oído para susurrar.

— ¿Es cómo realmente era?

Él vacilo.

— Algo. Por supuesto la iluminación habría sido más oscura. Teníamos solamente luz de vela, no electricidad. El suelo habría estado cubierto de juncos. Perros y ratas habrían estado buscando entre los sobrantes pedazos de comida. El olor habría sido mucho menos agradable y...

— Esta bien. —Interrumpió Bella.— A mi me gusta más nuestro baile.

— GUM. —Asintió él.

Encontraron una mesa y apenas se habían sentado cuando Jodi y varias escritoras más se unieron a ellos. La conversación estaba al principio dominada por el asombro en el logro de Lady Barrow. Los bufones eran divertidos, los trovadores tocaban instrumentos antiguos. La cena, cuando fue servida, estuvo deliciosa aunque no era realmente un menú renacentista.

Una vez que los platos fueron levantados, comenzó el baile. Edward murmuró que volvería en un momento, y Bella presumió que él tenía que ir al baño de hombres. Cabeceó distraídamente, su atención puesta sobre los bailarines girando alrededor del salón. Ella giró para decirle algo a Jodi, que había tomado el asiento al otro lado de Edward, pero paró cuando vio que Edward todavía estaba allí.

— Pensé que habías ido...

Su voz se fue apagando cuando notó que las manos de él estaban debajo de la mesa. El parecía estar... haciendo algo.

— ¿Qué...? —Comenzó ella a asombrarse.

— Estoy atrapado en algo. —Dijo él secamente.

Bella parpadeó, la confusión llenaba su mente.

— ¿Qué quieres decir con que estas atrapado en algo?. —Ella estaba imaginando... bueno, era no pensar mucho en lo que estaba imaginando. Ella pronto aprendió que era peor que eso.

— El mantel. —Dijo él, inclinándose ligeramente hacia un lado para intentar ver el problema.— Uno de los alfileres.

Era todo lo que tenía que decir; Bella obtuvo el cuadro de inmediato. Una de los alfileres enjoyados de su calzón se había, de alguna manera, enganchado en el mantel. Muy para su horror, un estallido de risa se escapó de sus labios.

Edward no se estaba divirtiendo.

— Esto no es gracioso. —Le dijo él desagradablemente.— Tengo que aliviarme urgentemente. No puedo levantarme.

— Entonces... ¿vosotros tenéis que ir al baño también? —Preguntó Bella con interés.

Edward la miró como si ella hubiera perdido el juicio.

— ¿De dónde sacas tus pensamientos?

— Bueno —explicó ella en defensa propia— en sus libros Bram, Drácula nunca tuvo que aliviarse. Yo nunca pensé...

— Dudo que Mina se haya aliviado tampoco. —Gruño Edward. Dio un tirón al mantel, haciendo que el y todo lo que había encima resbalase más o menos unos 2 centímetros hacia Edward.

La conversación alrededor de la mesa se detuvo. Bella miró hacia arriba para ver que todos estaban observando a Edward con varios niveles de horrorizada fascinación. Sabiendo que Edward nunca pediría ayuda, Bella decidió salvarlo de su orgullo. Atrajo la atención hacia ella misma aclarando su garganta, luego sonrió a Chris.

— C.K., ¿puedes ayudar a Edward? Él tiene alguna dificultad.

— Seguro, ¿cuál es el problema?. —Su amigo comenzó a levantarse.

— Uno de las alfileres de su calzón se enganchó al mantel. Tal vez tú podrías meterte debajo de la mesa y soltarlo. —Sugirió ella.

Chris se rió.

— Estas bromeando, ¿verdad?

Cuando ella negó con la cabeza, él calló abruptamente hacia atrás en su asiento.

— Perdón. El desenganche del calzón no es mi departamento.

— ¡Chris! —Dijo Bella desagradablemente.

— Bella. —Respondió él secamente.— Es tu escritor. te metes bajo la mesa y lo sacas.

— Yo pensé que él te agradaba. —Dijo ella acusadoramente.

— No tanto. —Chris devolvió el disparo. Luego él miró apológicamente a Edward.— Perdón, Ed.

— Realmente lo entiendo. Yo lo manejaré. —Respondió él con dignidad, pero se estaba sonrojando ferozmente, notó Bella con interés. Ella no sabía que los vampiros pudieran sonrojarse.

Él dio un tirón al mantel nuevamente, y Bella frunció el ceño. Él iba a volcar la mesa o estropear el traje que ella había alquilado. Ninguna opción era buena. Ella no deseaba encontrar sobrantes de la cena en su traje alquilado; ella no quería tener que pagar para que lo limpiaran. Tampoco quería tener que reemplazar el ridículo calzón que Edward vestía porque él lo había arruinado. Tragó lo último de su vino, colocó su vaso sobre la mesa y se giró hacia Edward.

— Esta bien. Saca tus manos del camino y déjame echar una mirada.

Edward vaciló, luego sacó sus manos y las colocó encima de la mesa. Bella prontamente se inclinó para tratar de ver que estaba sucediendo. Ella estaba en el ángulo equivocado.

— ¿No puedes alejarte un poco más? —Preguntó ella.

— No sin llevarme el mantel conmigo. —Estalló él.

Ella se enderezó y miró con atención alrededor, no se asombró al ver la mesa llena de escritoras, todas mirando ávidamente. Su mirada encontró la de Jodi al otro lado de Edward.

— No puedo ver nada desde este ángulo. Voy a tener que meterme debajo de la mesa.

Los ojos de Jodi miraron alrededor, luego se puso de pie.

— Vamos chicas, no hay necesidad de que sepamos que está pasando. Podemos actuar como una barricada.

Las otras escritoras prontamente se pusieron de pie y se movieron alrededor de la mesa. Bella observó con alivio mientras ellas formaban un semicírculo alrededor de su asiento y del de Edward, sus amplias faldas haciendo una agradable cortina. Chris era el único que quedaba sentado. El miraba la operación con ojos muy abiertos aparentemente inseguro de si debería estar horrorizado o reírse.

— Sigue adelante. —Dijo Jodi cuando cada una estuvo en su lugar. Las demás escritoras inclinaron la cabeza.

Bella se sintió ridícula, como un soldado siendo enviado a una misión secreta sólo. Deseando tener más vino, aspiró profundamente, luego se deslizó de su asiento bajo la mesa. Estaba terriblemente oscuro. Y caluroso. Ella se arrodilló al lado de las piernas con medias de Edward, su cabeza giró, atenta para ver el alfiler y que lo tenía atrapado, pero ella no estaba en el ángulo correcto y tampoco estaba suficientemente cerca.

Gruñendo entre dientes, Bella se acercó, arrodillándose entre las rodillas de él; luego ella trató de alcanzar tentativamente el mantel. Ella de ninguna manera iba a tocar su calzón, no, al menos si lo podía evitar. Levantó la tela un poco, pero realmente estaba enganchada.

— ¿Necesitas una vela o algo allí abajo? —Preguntó Jodi servicialmente. Su cabeza apareció repentinamente bajo la mesa, luego desapareció y Bella la oyó preguntar— ¿Tiene alguien uno de esos bolis linternas en su bolso? Yo normalmente llevo uno, pero...

El resto de lo que dijo se perdió para Bella porque la otra mujer comenzó a enderezarse.

— Ciertamente te has metido en una situación interesante, Bella. —Murmuró Bella, tratando de deshacer el manojo de tela para poder encontrar donde estaba enganchado Edward. Era su trabajo asegurarse de que las cosas funcionaran como un reloj para sus escritores, y ayudarlos a salir de situaciones embarazosas. Pero ella consideraba que esta situación estaba más allá de los llamados deberes del editor. Si Edward no estuviese en esta obligación, ella ni siquiera hubiese pensado en arreglarlo ella misma. El cual era un punto interesante, uno que completaría más tarde. Se sobresaltó cuando algo chocó con la parte inferior de su mano. Era el calzón, Bella se dio cuenta con asombro. Estaba creciendo y se chocó contra ella. Bueno, lo que había dentro de él estaba creciendo. Parecía que Edward había encontrado la experiencia algo más que embarazosa.

Edward deseó que la tierra se abriera y lo devorase. Podría también llevarse a cada una de las escritoras que lo rodeaban, y a Bella también si quería, para que acabara este sufrimiento, el momento más bochornoso de su vida.

No era suficientemente malo que su calzón estuviese enganchado en el mantel, pero ahora Bella estaba arrodillada entre sus piernas tratando de desenredarlo, y eso estaba dando lugar a pensamientos que no tenían nada que ver con liberarse para que él pudiera visitar el baño de hombres. Él estaba imaginándose como sería sí, en vez de desenredarle el mantel, ella simplemente moviese el calzón a un lado, lo sacara a él afuera y envolviese sus labios alrededor su alrededor. Luego él se dio cuenta que se estaba endureciendo, y tuvo la esperanza de que ella no se diera cuenta.

¿Cómo terminó él en esta posición? Él era un hombre al que le gustaba el orden y la rutina. Él no concurría a conferencias ni a bailes renacentistas. ¿Cómo su vida se había salido tanto de control? Algo empujó su calzón, y él saltó en su asiento, olvidándose de las mujeres alrededor de él.

— Perdón. —La voz de Bella vino amortiguada desde abajo de la mesa. Sonaba como si ella estuviese hablando entre dientes. Edward cerró sus ojos humillado y deseando atravesar su corazón con una estaca.

— ¿Te pinchó con un alfiler?. —Beth, una de las escritoras, preguntó con preocupación.

Edward gruño en respuesta, pero salió más como un quejido. Tomando eso como un sí, Beth palmeó su hombro con compasión.

— Aquí estás.

Edward giró su cabeza para ver a Lady Barrow abriéndose camino hacia él a través de la reunión de escritores, Jodi se presionó contra la mesa cerca de su pierna, bloqueando la vista de Bella debajo. Lady Barrow apareció, un poco curiosa de las mujeres que estaban agrupadas allí, pero no preguntó. En cambio, sonrió a Edward.

— Allison me dijo que estabas sintiéndote mejor, pero quería verte yo misma.

Edward la miró fijamente, sabiendo que sus ojos se habían vueltos redondos como calabazas. Normalmente, él se habría levantado si una señora se le hubiese acercado; pero eso era imposible. Pero esa no era la razón por la que sus ojos se habían vuelto redondos, pensó. El hecho era, que ignorante de la presencia de Lady Barrow, Bella había agarrado su calzón y cambiado su posición. Ella también había, ¿inconscientemente?, agarrado la parte de su anatomía que estaba expandiendo su tamaño, llenando la demasiado grande capacidad del calzón.

— Perdón. —La voz de Bella vino desde debajo de la mesa nuevamente.— Estoy teniendo problemas para ver este alfiler.

La sonrisa de Lady Barrow se congeló. Sus ojos se dispararon hacia abajo donde la falda de Jodi escondía la mesa, luego viajaron hacia la cara alarmada de la escritora, luego se deslizaron hacia la expresión avergonzada de Edward. Antes de que ella pudiera decir una palabra, la voz de Bella sonó otra vez. Estaba irritada y cortante.

— ¡Demonios, Edward! En el momento en que yo te desenganche, insisto en que te saques estos malditas alfileres. Son una maldita molestia.

— El calzón de Edward se enganchó con el mantel. —Espetó Jodi, mientras Lady Barrow abría su boca.— Bella está tratando de liberarlo.

— Su calzón quiere decir. —Agregó Beth servicialmente.— Bella está tratando de liberar su calzón del mantel. No a él del calzón.

— Ya veo. —Murmuró Lady Barrow, viéndose para nada segura de como manejar la situación. Su espanto duró sólo un momento, sin embargo, luego gesticuló a Jodi para que se volviera a un lado, sacó al mantel del camino, y se arrodilló para asomarse bajo la mesa.— ¿Puedes ver ahí, Bella, o tendré que pedirle a alguien que traiga una luz?

Edward sintió que la mano de Bella se cerraba sobre él con alarma, y él cerró sus ojos con un gemido.

— ¿Lady Barrow? —La voz de Bella sonó increíblemente pequeña.

— Sí, soy yo. ¿Necesitas luz ahí abajo?.

La maldición amortiguada que vino de abajo de la mesa fue casi ahogada por completo por una repentina carcajada de arriba. Edward abrió sus ojos para ver a Chris cubriéndose la boca. El hombre estaba perdido. Edward supuso que no lo podía culpar. Si no estuviese en el centro de la debacle, entonces él podría encontrarla horrendamente divertida también. Pero él la encontraba terrible.

Edward no pudo oír la respuesta mascullada de Bella a Lady Barrow, pero debió ser afirmativa, pues la mujer se enderezó, miró alrededor, luego mandó a uno de sus trabajadores a buscar una linterna. El hombre salió como una bala; luego Lady Barrow se giró para examinar la expresión dolorida de Edward. Ella palmeó sus hombros apaciguadoramente.

— No importa. Este tipo de cosas nos ha pasado a todos en algún momento. —Su boca hizo un gesto como de excusa.— Bueno, no precisamente este tipo de cosas, pero tú sabes lo que quiero decir.

Edward gimió y cerró sus ojos nuevamente. Luego una voz fanfarrona dijo:

— Bueno, ¿qué está pasando aquí? ¿Por qué están todas mis escritoras amontonadas?.

Bella reconoció la voz de Chuck Morgan y podrías haber llorado. En lugar de eso, recostó su cabeza débilmente sobre la rodilla de Edward y se preguntó si la situación podría posiblemente ponerse peor. Primero Lady Barrow fue testigo de este evento humillante, y ahora el presidente de la compañía había llegado. ¡Oh, ella realmente impresionaría a sus superiores con este congreso!

¿Qué? —El rugido horrorizado de Chuck debió ser oído probablemente desde una punta de la recepción hasta la otra, pensó Bella, y a juzgar por la forma de la conversación general y por la repentina aquietada risa, ella supo que estaba en lo correcto. Dios querido, pronto todo el mundo iba a saber que ella estaba allí abajo.

Bella oyó la voz de Lady Barrow, sostenida y firme, y sonrió. Nadie podía ser tan amable como Kathryn, pero ella no era una mujer para tomar a la ligera y ella no tenía miedo a nadie, hasta donde Bella sabía. Ella probablemente pondría a Chuck en su lugar por llamar la atención de todos a lo que había tratado de esconder, y Bella podría haber abrazado a la mujer.

— ¡Allí estas! —Oyó a Lady Barrow exclamar.— Gracias.

El mantel se levantó, y la mujer apareció. Para el asombro de Bella, con la linterna en la mano, Kathryn Falk, Lady Barrow, se arrodilló y se deslizó debajo de la mesa al lado de ella.

— Hace calor aquí abajo, ¿no es cierto? —Comentó amigablemente como si hiciera esta clase de cosas todos los días. Lady Barrow se acomodó, prendió la luz, alumbró donde el mantel y el calzón estaban enganchados, luego inclinó la cabeza solemnemente a Bella.— Hazlo chica. Cuanto antes lo desenredes, antes podremos salir de aquí.

Era más fácil decirlo que hacerlo. Edward estaba bien y verdaderamente enganchado. Por lo menos tres de la media docena de los alfileres de su calzón estaban enganchadas en varias partes del mantel. Uno de los alfileres probablemente se había trabado primero, luego Edward al tirar había enganchado los otros. Llevó un poco de trabajo liberarlos.

Lady Barrow permaneció pacientemente, continuando con la luz estable, teniendo la tela fuera del camino cuando Bella necesitó una mano extra, dando consejo y diciendo un chiste ocasionalmente para aliviar la tensión del momento. Sin embargo, aun con su ayuda pareció una extremadamente dura experiencia. Y embarazosa también. Por mucho que ella quisiera evitar tocar el calzón de Edward, era imposible, y la mayoría de las veces ella lo estaba sosteniendo en su mano. Ella notaba terriblemente la dura carne debajo mientras giraba el material de un lado a otro, tratando de desenganchar todos los alfileres sin que otros quedaran atrapados. Ella ni siquiera quería adivinar como se sentía Edward. Tenía que ser una horrible tortura.

Si Bella no se detenía pronto, Edward posiblemente iba a avergonzarse a si mismo allí en la mesa con todos mirando. Ella no lo estaba tocando de ninguna forma sexual, pero el sólo hecho de que ella estuviera entre sus rodillas y cambiándolo de posición, hacía que reaccionara como un adolescente. Él había vivido un largo tiempo, pero Edward nunca se había encontrado en una situación así antes. Y le rogaba a Dios no estarlo nunca más.

— ¡Aquí hay otro libre!

La voz de Bella vino de debajo de la mesa, y todos los que estaban alrededor hicieron ruidos. Edward supuso que eran de felicitación y aliento. Él trató de no contonearse en su asiento mientras ella lo agarraba nuevamente para cambiarlo de posición. Generalmente sus erecciones no apuntaban hacia ese lado, pero él supuso que ella trataba de alcanzar el último alfiler. Mirando hacia bajo, él realmente podía ver los dedos de ella envueltos alrededor de él, donde se asomaban por debajo de la tela. Él miró hacia arriba, a Jodi y la vio mirando atentamente su regazo. Él compuso una sonrisa lastimera.

— ¡Oh, Dios mío!

Esa exclamación de una de las otras escritoras atrajo la atención de Jodi y la de él. Era Beth, y ella lucía absolutamente horrorizada. Edward sintió a su corazón hundirse. Él había pensado que la llegada del presidente de la compañía de Bella era la peor cosa que podía pasar, pero la expresión de la escritora sugería otra cosa.

— ¿Qué es? —Preguntó él, decidiendo que lo mejor era enterarse.

— ¿Conoces a esas personas de los documentales? ¿Los que han estado filmando todo? —Preguntó ella.

— No. —Edward no había oído de ningún documental que estuviese siendo filmado.

— Ellos están siempre haciendo documentales en las conferencias R.T. —Agregó Jodi.— Adoran filmar a todas las mujeres y la gala o algo así.

— Si, y no mires ahora, pero están viniendo hacia acá. Y también ese fotógrafo del periódico local.

— ¡Oh, Dios! —Murmuró Jodi.— Probablemente está buscando a Lady Barrow. Él ha estado rastreándola toda la noche.

— Demonios. —Dijo Edward entre dientes. Definitivamente todo había empeorado.

* * * * *

— El último. —Le dijo Bella a Lady Barrow con un alivio que hizo eco en la fundadora de Romantic Times.

— Bien. —Dijo la mujer.

Bella no la podía culpar, las dos estaban inclinadas, las cabezas ladeadas hacia un lado y las espaldas presionadas contra el fondo de la mesa. Kate tenía que realmente respetar a la mujer por venir allí abajo con ella. No había habido necesidad, pero Lady Barrow, tenía ese tipo de si-hay-algo-que-hacer, hagámoslo.

Suspirando, Bella se obligó a concentrarse en la tarea que tenía por delante. Un último alfiler por liberar y ellas podrían salir de allí. Luego ella le insistiría a Edward que fuera directo hacia el baño de hombres y se sacara los alfileres enjoyados. Ella no podía imaginar como él los había puesto en el maldito calzón en primer lugar. Y fue una suerte que no hubiese bailado con él antes de que esto ocurriera, ella habría encontrado su vestido atrapado. ¿No habría sido divertido, tener que desenredarse allí, en el medio de la pista de baile, frente a la vista de todos? Ya había suficientes personas que sabían que estaba debajo de la mesa trabajando en el calzón de Edward; no necesitaba que hasta el último asistente del congreso viera su apuro.

— Lo tengo. Estas libre. —Gritó Bella con alivio mientras el último alfiler se soltaba. Ella comenzó a apartarse, sólo para encontrar su manga deteniéndola abruptamente. De alguna manera, mientras ella estaba desenganchando el mantel del último alfiler, su manga se había quedado atrapada en otra. Ella estaba ahora pegada a Edward, su muñeca con su calzón.

— Demonios. —Dijo ella.

— ¿Qué pasa?. —Preguntó Lady Barrow, frunciendo el ceño. Algo como un alboroto comenzó del otro lado del mantel. Todo el mundo parecía estar hablando al mismo tiempo.

— Estoy atrapada con un alfiler de su... —Jadeó Bella, arrodillándose para no desgarrarse la manga si Edward repentinamente se levantaba. El chirrido de las patas de la silla de Edward en el suelo ahogó por completo su grito de alarma, y ella se vio forzada a salir rápidamente de debajo de la mesa mientras él comenzaba a levantarse. Bella parpadeó en contra de un destello repentino, oyó a Edward maldecir, pero quedó brevemente ciega. Había estado oscuro bajo la mesa.

— Cuidado, Señor Cullen. —Advirtió Lady Barrow, gateando fuera de debajo de la mesa.— Ella tiene su manga atrapada a su...

Lady Barrow dejó de hablar al ver las nuevas adiciones en su audiencia. Bella las notó también, sus ojos se adaptaron, y lentamente notaron la cámara de filmar apuntando en su dirección. También había un fotógrafo con una cámara que parecía muy profesional. Se dio cuenta que el destello había sido él sacando una foto.

Edward, haciendo lo mejor para ignorar su mano colgando delante de su ingle, dijo en un apenado, educado tono.

— Llámeme Ed por favor, Lady Barrow.

— Yo, yo, yo.. —Dijo el hombre con la cámara que parecía muy profesional.— Usted no me mencionó este evento, Lady Barrow.

— ¿Quién...? —Comenzó Bella, sabiendo que no quería oír la respuesta.

— El periódico local. —Dijo Lady Barrow desagradablemente. Ella se puso de pie.— Y ahora que ésta emergencia terminó, creo que debo hacerme cargo de la próxima.

Jodi y las otras escritoras ayudaron a la mujer a arreglarse la falda; luego Kathryn Falk tomó el brazo del reportero, lo giró y comenzó a caminar con él hacia su mesa.

— Apuesto que ella tiene a ese hombre comiendo de su mano en diez minutos. —Dijo Jodi con admiración. Girando hacia Edward y Bella, sonrió alentadoramente.— Esa fotografía no llegará a los periódicos. Lo garantizo.

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