Esto es una adaptación, ni los personajes ni la trama me pertenecen. Los personajes son de Stephenie Meyer y la trama es de Linsay Sands. Yo solo juego con ellos.
Edward miró a través de la sala de descanso al lugar donde Bella estaba hablando con Deanna Stancyk. Bella era fácil de localizar con su brillante falda amarilla y chaqueta a juego, radiante de vida y energía, sonriendo, su cara expresiva, sus manos moviéndose mientras hablaba y reía. Era bella. El solo hecho de mirarla hacía que a Edward le doliera el pecho. Aunque podía ser indigestión, pensó, al recordar el grasiento desayuno que había tomado esa mañana.
Bella había estado horriblemente silenciosa con él desde que habían vuelto a la suite la noche anterior y habían encontrado la caja enviada por Jacob. Ella ni siquiera le había seguido a su habitación para asegurarse de lo que contenía la caja, sino que simplemente le había dado la mochila con las seis bolsas de sangre robadas, le había dado las buenas noches y se había metido en su habitación. Lo que había hecho que la noche perdiera interés para Edward.
Él había desenvuelto la caja en su habitación y almacenado toda la sangre, tanto la proveniente de su aventura como de Jacob, en el minibar. Había tenido que sacar todo de la nevera para poder hacerlo. Había apilado las latas de refresco, las botellitas de alcohol y los aperitivos en la cómoda, y entonces había vagado hasta la salita y se había desplomado en el sofá para ver la televisión con Chris un rato, esperando que Bella reapareciera. No lo había hecho.
La tentación de ir a ella había sido fuerte. Con la necesidad de sangre saciada, Edward había sentido otros anhelos que le atormentaban, el principal estar simplemente en presencia de Bella. Su compañía le hacía sentir de alguna forma más liviano, más joven. Como si no hubiera existido durante seiscientos años y se hubiera sentido cansado de vivir. La mujer estaba causando destrozos en su mente.
Después de ver una mala película de vampiros, ¿Dios mío, por qué vampiro era siempre el malo?. Edward había dejado a Chris y se había ido a la cama. Se había levantado temprano, tomado un par de bolsas más de sangre, puesto los carteles de No Molestar en la puerta que daba al pasillo y la que daba a la salita de la suite, de forma que la mujer de la limpieza no encontrara su sangre en el frigorífico y le diera un ataque, y por último se había unido a Bella y Chris para llevarlos fuera para el desayuno.
Los tres habían comido en el comedor principal, junto con un puñado de escritoras de Roundhouse. Lucern no había dicho mucho en la comida, solo había escuchado con interés a Bella y Chris hablar con los otros. Fue entonces cuando se dio cuenta de la cantidad del tiempo de ellos que estaba monopolizando. Estaban haciéndole de niñera como si fuera un niño. Casi había sentido vergüenza.
Su orgullo había salido entonces a la luz, y cuando todos ellos se habían cambiado a la sala de descanso, Edward había insistido en que Bella circulara y hablar con los otros escritores, diciéndole que podía cuidar de sí mismo. Ella había parecido reacia, pero al final había cedido a la necesidad de pasar algún tiempo con tantos escritores como pudiera. Ella dirigía la mirada en su dirección a menudo, parándose de vez en cuando para asegurarse de que estuviera bien, pero había pasado la mayor parte de la mañana moviéndose por la habitación, charlando y riéndose, reconfortando y alabando.
También Chris se había ido para ocuparse de sus negocios, cuidando de sus propios escritores, dejando que Edward se sentara con las escritoras con las que habían desayunado. Edward había pasado la mayor parte de la mañana escuchando, haciendo únicamente algún comentario de vez en cuando. Eran mujeres agradables, interesantes y creativas, y le habían incluido en su círculo sin preguntas. Pero también tendían a actuar de manera protectora con él, ayudándole a manejar a sus manadas interminables de aficionadas.
Apreciaba su ayuda, pero Edward estaba empezando a tener complejo. ¿Por qué todo el mundo pensaba que necesitaba protección? Actuaban como si fuera frágil y, se estremeció, delicado. Edward era el hombre menos delicado que conocía. Oh, en su juventud había sido un guerrero, pensando nada más que en derribar hombres con su espada. Cuando se inventaron las pistolas, había disputado incontables duelos, matando hombres de un disparo y cabalgando luego a su club para desayunar. Podía cuidar de sí mismo. Pero Bella y los otros parecían no darse cuenta. Aunque se había apartado de su lado, Bella todavía le vigilaba tan protectoramente como una mamá pájaro a su cría cuando hacía su primer y tembloroso vuelo. No tenía ninguna duda de que si suponía que la necesitaba, estaría a su lado de inmediato.
Bella dirigió la mirada en su dirección justo en el momento que pensaba en eso, por lo que Edward la miró furiosamente por confiar tan poco en él.
— Bella es una bella mujer. —Dijo suavemente Jodi Hampton al oído de Edward.— También es muy dulce y generosa. Muchos de sus escritores estarían realmente molestos si alguien la dañara. Y eso me incluye a mí.
Edward se volvió a la escritora con sorpresa. Jodi había estado a su lado durante el desayuno, y se había quedado allí una vez que habían llegado a la sala de descanso. De unos cincuenta años, pero con la vitalidad de una mujer mucho más joven, Jodi Hampton era una de las escritoras principales de Roundhouse Publicaciones. Ella había construido su carrera por el camino duro, aumentando el número de suscriptores libro a libro en lugar de con un éxito repentino, y lo había hecho de tal forma que sus cinco últimos libros habían entrado en la lista de los más vendidos del New York Times. Quizás por eso no era sorprendente que, además de atractiva, fuera interesante y estuviera segura de sí misma. Era menos obvio, aunque Edward se había dado cuenta rápidamente, que era increíblemente amable, aunque ahora sonara como una mamá osa advirtiendo a un depredador que se alejara de su osezno. A Edward le gustaba eso. Al menos, había alguien que no le veía indefenso, sino como un posible peligro. Aunque sólo fuera emocionalmente.
— Nunca haría daño a Bella. —Aseguró a la mujer, sintiendo afecto por ella. Le gustaban las mujeres inteligentes.
Jodi asintió lentamente.
— Espero que no, Edwin Cal porque me gusta.
— Mi nombre real es Cullen. Edward Cullen . —Le dijo.— Sólo escribo como Edwin Cal.
Jodi asintió de nuevo y tendió su mano.
— Y mi nombre real es Teresa Jordan. Es un placer conocerle, Edward.
— Llámame Ed. —Él estrechó su mano y sintió que sus labios se torcían en una imitación de una sonrisa.
— ¿Deduzco que escribes romances históricos, Teresa?
— Sí. Y tengo todos tus textos históricos para ayudarme con la investigación. Eres mucho más joven de lo que esperaba. Aunque supongo que debería haberme dado cuenta. Tus libros no son como la mayor parte de esos libros polvorientos. Traes otras eras a la vida. Tus libros convierten la investigación en un placer.
Edward sintió que su boca se torcía de nuevo en una sonrisa complacida. Se sintió extraño. No estaba acostumbrado a sonreír tanto. Sólo había empezado a hacerlo con la llegada de Kate a su vida. Pero pensó que podría acostumbrarse.
Consciente de que el flujo de aficionadas dentro de la sala de descanso había disminuido, Edward se relajó un poco y empezó a discutir de historia con su nueva amiga. En un momento se les unió todo el grupo de escritoras de Roundhouse.
* * * * *
— Esto se está tranquilizando.
Kate asintió cuando Chris apareció a su lado. Había sido una mañana larga pero productiva. Kate estaba bastante segura de que se las había arreglado para tener un aparte e intercambiar algunas palabras con cada de sus escritores que había asistido al congreso. Se merecía un descanso.
— Es hora de comer. —Señaló ella.— Probablemente todo el mundo está comiendo. Se animará de nuevo en un rato.
— Quizá deberíamos recoger a Edward e ir a almorzar también. —Sugirió Chris.
— Buena idea. — Bella se volvió a buscar a Edward, y le vio absorto en una conversación con Jodi.
— Seguro que se relaja ahora que se siente mejor. —Susurró Chris mientras cruzaban la habitación.—
Bella soltó una risa seca.
— Más posiblemente fue esa primera noche de chicos que pasasteis lo que le ha relajado.
Chris se rió.
— No podía creer que él no hubiera visto nunca la televisión. Sin embargo, se sumergió en ella como un pato en el agua. Tiene un gran sentido del humor bajo toda esa personalidad inglesa correcta y pasada de moda. Me gusta.
— A mí también. —Respondió Bella automáticamente, descubriendo de repente que era cierto. Le gustaba Edward. No estaba segura de porqué pero era así. Y no era sólo por sus besos o por su importancia para su carrera. Meditó porqué le gustaba mientras se acercaban al grupo de escritores que debatía, y esperó al momento apropiado para hacerse notar.
Edward había sido rudo y hosco la primera vez que ella se había presentado en su puerta, pero no lo suficiente para echarla de su casa y enviarla lejos. Lo que hubiera tenido todo el derecho de hacer. Le había permitido que le arrastrara de compras, siguiéndola sin quejarse por toda la tienda de comestibles, y comido su comida. Había sido difícil con esas cartas, pero Kate entendía ahora que no había sido deliberado.
Ella recordó haber leído la carta de la lectora preguntando si Edward la convertiría en vampiro, y el abrupto “no” de Ed. También recordó la carta de la lectora que se había enamorado de Emmet y la respuesta de Ed: “Está comprometido.” En ese momento, ella había pensado que estaba siendo deliberadamente difícil, pero ahora todo estaba claro. Casi se rió en voz alta, aunque entonces le hubiera gritado.
Ed era un hombre honesto, un hombre de palabra. Había prometido hacer una promoción, y a pesar de haber sido engañado diciéndole que era sólo una entrevista, había mantenido su palabra. Ahora estaba asistiendo a un congreso cuando sabía que no había poder en la tierra que le hubiera arrastrado allí si no hubiera dado su palabra. Era un hombre de honor. También era caballeroso y compasivo. Sólo había que ver cómo había rehusado morderla y causarle dolor aunque sentía una gran necesidad.
Por supuesto, estaba empezando a sospechar que tenía un malvado sentido del humor bajo su correcta fachada y acrimonia. Algunas veces atrapaba un destello en sus ojos, normalmente cuando estaba siendo más obtuso, que le hacía pensar que estaba provocándola deliberadamente.
— Oh, hola.
Bella se arrancó de sus pensamientos y sonrió cuando Jodi la saludó.
— Estábamos pensando en salir fuera para comer mientras esto está tranquilo. ¿Alguien se apunta?
Las escritoras estaban todas en pie de inmediato, cogiendo sus cosas. Parecía que todo el mundo estaba listo para un descanso. Bella sonrió a Edward, que se movió a su lado y cogió su brazo. La acción sonó propietaria, casi posesiva, pero Bella sospechaba que era sólo su educación. Su caballerosidad natural.
Alguien sugirió dejar el hotel y escaparse de la atmósfera del congreso por un rato, pero Bella se sintió preocupada por el efecto del sol en Edward. Pareciendo sentir su preocupación, Ed la miró furiosamente. Masculló que estaría bien; tenía su «medicina».
— ¿Qué medicina? —Preguntó Jodi.
— Edward tiene un tipo de alergia al sol. —Explicó Bella a regañadientes. Luego se apresuró a añadir.— Pero él tiene una... er... medicina arriba, así que estoy segura de que estará bien. Podemos encontrar un restaurante por aquí cerca si queréis.
— No. No tiene que andar dando vueltas mientras encontramos un lugar. No quisiéramos que se pusiera enfermo. No hemos comido todavía en el bar del hotel. Podemos probar eso. —Sugirió Jodi. Las otras mujeres estuvieron de acuerdo.
Según iban hacia abajo, las otras escritoras empezaron a hacerle bromas a Edward, comentando que escribía romances de vampiros y era alérgico al sol.
— Hummm. Quizás deberíamos mirar nuestros cuellos. —Bromeó Jodi.
Bella estaba horrorizada. ¿Qué había empezado? Cada vez estaba más tensa y ansiosa por las bromas, pero Edward parecía no tenerlas en cuenta. Finalmente la conversación derivó a otros temas. Llegaron al bar y se sentaron.
La comida fue deliciosa, un placer acrecentado por la compañía. Cuando terminaron, todo el mundo parecía renuente a irse, así que Bella decidió que un poco de diversión no vendría mal antes de que los guiase a todos de nuevo a la sala de descanso.
— Quizás podríamos comprobar los otros actos que se están celebrando aquí. —Sugirió ella.
Jodi sacó su agenda del congreso y leyó las opciones. Había programas educativos para escritores, una demostración de cocina llamada “Cocinar con Amor”, lecturas de la mente y astrológicas y clases de baile.
Dos de las escritoras querían inspeccionar los programas para escritores, pero prometieron que volverían a la sala de descanso más tarde. Dos más se fueron para la demostración de cocina y prometieron lo mismo. Una quería tomar clases de baile y arrastró a la fuerza a un quejumbroso Chris. Lo que sólo dejó a Jodi, Bella y Edward.
— Bueno, eso deja la lectura de la mente y la astrología. —Anunció Jodi, doblando la agenda y deslizándola de nuevo en su bolso.
— Suena divertido. —Bella empujó su silla hacia atrás para levantarse. Al mirar de casualidad a Edward, se quedó sorprendida al ver que parecía dudoso. Jodi lo notó también.
— ¿Cuál es el problema, Ed? ¿Asustado de que la vidente vea algo malo en tu futuro? —Se burló la escritora.
Edward hizo una mueca.
— O en mi pasado.
Él había hablado en su habitual tono hosco, pero había un destello bromista en sus ojos que Bella notó que estaba empezando a reconocer. Aparentemente Jodi lo reconoció también, porque se rió. Cálmate, se admiró Bella. Edward tenía un largo pasado. Seiscientos años. Se encontró preguntándose sobre todos los años que había vivido. ¿Había amado a alguien? ¿Estado casado? ¿Tenido niños? Ahora estaba soltero, o al menos eso parecía, Dios, no estaba siquiera segura de eso. Podía tener una mujer. Podía tener niños. Podía...
— Así pues, ¿cómo te las has arreglado para evitar el matrimonio tanto tiempo, Ed? ¿O estás casado? —Preguntó Jodi, como si hubiera leído los pensamientos de Bella. La mujer siempre había tenido una forma de hacer eso, lo que convertía a Bella en un bebé nervioso. Quizás la escritora tenía trazas de una habilidad psíquica. Caray, podría incluso leer la mente, y supo que Edward estaba abriendo la mente de Bella a toda clase de posibilidades de las que se habría reído antes. Bella decidió que guardaría sus pensamientos delante de la mujer de ahora en adelante... sólo para estar segura.
— ¿Y qué años tienes, por cierto? —Continuó la escritora.— ¿Treinta y cinco o así?
Bella vio la boca de Edward esbozar una rara sonrisa torcida.
— O así. —Respondió él— Y no, nunca he estado casado.
— ¿Por qué no? —Aparentemente Jodi no tenía problema en ser curiosa. Para el asombro de Bella, Lucern parecía más divertido por la pregunta que molesto. Parecía que Chris tenía razón. Ed estaba relajándose.
— ¿Quién me querría? —Preguntó frívolamente. Había un destello malévolo en sus ojos.
Jodi dirigió entonces la mirada a Bella, y Bella se sintió enrojecer. ¿Había notado la mujer su atracción por Edward? Dios mío, realmente tenía que ser más cuidadosa.
— Aquí estamos. —Anunció con decidida alegría. Delante estaba la señal que indicaba la sala con las lecturas astrológicas y de la mente.
Había un conjunto de mesas pequeñas distribuidas alrededor de la habitación. Cada mesa estaba asignada a un vidente o a un astrólogo, con sus signos y su parafernalia distribuidos alrededor de ellos. Había sólo una silla en cada mesa además de la del lector. Un cliente cada vez, gracias. Había también mesas donde se podían comprar cristales y cosas así. Era más bien como una feria paranormal.
— Voy a que me hagan mi carta astral. —Anunció Jodi.— Después voy a pedir una lectura astrológica. Y también una de la mente. —Los ojos verdes de la escritora brillaban. Estaba obviamente entusiasmada.
Bella nunca había estado en un vidente en su vida, y no tenía ninguna pista de por dónde empezar. Una mirada a Edward le mostró mirándola aburrido, así que Bella hizo un gesto a Jodi y sonrió.
— Adelante, MacDuff.
* * * * *
— Eres un alma muy joven, luminosa y rebosante de amor y entusiasmo por experimentar todo lo que el mundo tiene que ofrecer.
Edward permaneció silencioso mientras la supuesta vidente batía sus pestañas delante de él, pero Bella bufó con sorna detrás de él. La vidente dejó de revolotear sobre su mano el tiempo suficiente para mirarla, luego continuó.
— Has vivido muchas, muchas vidas.
Bella bufó de nuevo.
— ¿Cuándo ha tenido tiempo?
— ¿Cómo dices? —La vidente la miró de manera desagradable.
— Pensé que era un alma joven. —Señaló Bella.— ¿Cómo puede ser un alma joven quien ha vivido muchas vidas? —Ella tocó el brazo de Edward.— Vámonos. Esto es un desperdicio de dinero.
Edward se puso de pie de inmediato, conduciéndolas a ella y a Jodi lejos de allí, bajo la mirada venenosa de la vidente. Les estaba dirigiendo hacia la salida cuando Jodi paró, forzando a Bella y a Ed a detenerse igualmente.
— No, espera. Quiero una lectura de ella. —La escritora señaló hacia una mesa donde una anciana de pelo blanco se sentaba sola, sin una fila delante como las otras mesas. Bella suponía que era la falta de un escaparate vistoso lo que la había hecho menos popular. El resto de los videntes usaban ropas brillantes y tenían carteles dramáticos y manteles chillones; esta mujer no se había molestado siquiera en poner un mantel, y usaba un traje beige que le garantizaba desvanecerse entre la multitud, y un escueto cartel.
— ¿Ella? —Preguntó Bella dubitativamente. La mujer no parecía tener mucho éxito, aunque sí estar serena.
— El talento verdadero no pierde el tiempo en oropeles. —Dijo Jodi. Todos ellos se acercaron.
Bella y Edward observaron solemnemente como la mujer tomaba la mano de Jodi. Dijo que Jodi era una escritora, lo que Bella pensó que no era difícil de adivinar, ya que este era un congreso de escritores. Las posibilidades se repartían al cincuenta por ciento entre que Jodi fuera escritora o lectora. Lo siguiente que dijo es que ella tenía bastante éxito, lo que tampoco era una revelación tan grande. Podía haber reconocido la foto de Jodi de la contraportada de sus libros.
La siguiente declaración sorprendió a Bella. La lectora le dijo a Jodi que todavía sufría por una dolorosa pérdida que había padecido hace tiempo, la de su compañero del alma. Bella sintió que se le erizaba el vello de la nuca. No era de público conocimiento pero el marido de Jodi había muerto hacía cuatro años, uno antes de que empezara a publicar. Bella también sabía que Jodi todavía lloraba por él. Afirmaba que había sido su único amor verdadero.
La vidente frotó la mano de Jodi tranquilizadoramente y le dijo que su amor estaba allí con ellos en ese momento, y que siempre estaba cerca. Pero también le dijo que él quería que Jodi siguiera viviendo. Alguien entraría pronto en su vida, y aunque no sería un compañero del alma como lo había sido su primer amor, sería el amigo más querido, su amante y compañero para el resto de su vida, y la vidente dijo que el primer amor de Jodi deseaba que fuera así.
Los ojos de Jodi se cubrieron de lágrimas. Se levantó y se dirigió hacia Edward y Bella. Bella estaba intentando encontrar algo que decir para animar el ambiente cuando Edward comentó de repente.
— Bueno, parece que después de todo tendrás relaciones sexuales antes de morir.
Bella le dirigió una mirada horrorizada. Nunca había oído a ese hombre hablar de una forma tan cruda. Ni siquiera le había oído utilizar esas expresiones modernas. Se giró hacia Jodi en un estado de shock, pero la escritora sólo estalló en una cascabelera risa.
— Sí, parece que sí. ¿No es bonito? —Jodi suspiró y tocó el brazo de Ed. Entonces le explicó a Bella.— Las mujeres habían estado hablando de sexo, por supuesto, cuando volvían a la sala de descanso. Beth se lamentaba del hecho que sus personajes tuvieran mejor sexo que ella, y yo bufé y le dije que por lo menos ella tenía algo, que yo dudaba de volver a tenerlo antes de morir. ¡Pero ahora parece que sí!
Ella sonrió a Edward, luego le invitó a sentarse en la silla.
— Tu turno, amigo mío. Quiero oír lo que ella tiene que decir acerca de ti.
Bella miró a la mujer más mayor acosar a Ed para que se sentara. Por un momento, sintió un acceso de incomodidad. Era obvio que la pareja había desarrollado un cierta amistad esta mañana, y Bella se avergonzó al descubrir que lo que sentía eran celos. No haciendo caso de sus pensamientos mezquinos, volvió su atención a la vidente, que había reclamado la mano de Ed y ahora estaba moviendo sus dedos ligeramente sobre ella. Sus ojos estaban cerrados para concentrarse.
— Eres muy anciano. —Dijo la mujer en tonos tranquilizadores. Abrió los ojos con un parpadeo para mirar a la cara de él, joven y apuesta, frunció el ceño con confusión y volvió a cerrarlos.— Es tu alma la que debe de ser vieja. —Corrigió.— Muy vieja. Has tenido muchos amores.
Bella sintió que algo se agarrotaba en su pecho antes de que la mujer se corrigiera a sí misma de nuevo:
— No, amores no. Amantes. Has tenido muchas. Muchas, muchas. —Añadió ella, sonando sorprendida de nuevo. Entonces parpadeó con sus ojos desorbitados para preguntar con cierta mortificación.— ¿Cuándo has tenido tiempo para dormir?
Los labios de Bella se torcieron. Suponía que Ed había estado con muchas mujeres. Era un hombre saludable de unos seiscientos años. Incluso aunque sólo hubiera tenido una amante por año, eso hacía seiscientas. Si había tenido más de tres por año... su mente se sobresaltó. Con un desmayo, decidió que tendría que preguntar si los vampiros podían adquirir y transmitir una ETS©. Esperaba que no, pero honestamente, era algo que necesitaba saber.
— Habías empezado a cansarte de la vida. —Continuó la vidente, captando la atención de Bella.— Todo parecía tan duro, y las crueldades del hombre habían empezado a agotarte. Pero algo, no, no algo sino alguien, alguien te ha revigorizado. Te ha hecho sentir de nuevo que vivir merece la pena. Que queda alegría para ti.
La lengua de Bella pareció quedarse pegada al paladar. ¿Alguien? ¿Quién? Algo secreto en su interior esperaba que fuese ella. Al mismo tiempo la idea le aterrorizaba. Se sentía atraída por Edward. Había llegado incluso a gustarle y respetarle, pero...
— Agárrala. —La mujer tenía la mirada profundamente clavada en los ojos de ed.— Tendrás que luchar por ella, pero no de la forma a la que estás acostumbrado. Las armas y la fuerza física no te ayudarán en esta batalla. Tendrás que combatir con tu orgullo y tus propios miedos. Si fallas, tu corazón se marchitará en tu pecho, y morirás como un hombre solo, viejo y amargado, lamentando lo que no hiciste.
Edward sacudió con fuerza su mano para liberarla, entonces se puso de pie y se alejó. Bella se puso de pie para seguirlo, pero la vidente apresó de pronto su mano.
— Espera. Tu hombre estará bien por un minuto.
Bella su puso rígida.
— Él no es mi hombre.
La expresión de la vidente sugirió que Bella no estaba engañando a nadie.
— Es especial, tu hombre. —Le dijo la mujer— Pero para estar con él tendrás que hacer una elección. Tendrás que dejar todo. Si tienes el valor, todo lo que deseaste alguna vez será tuyo. Si no... —Ella se encogió de hombros y liberó la mano de Bella.— Ahora ve con tu hombre. Solo tú puedes calmarle.
Bella corrió tras Edward, consciente de que Jodi le pisaba los talones. Todavía zumbaba la piel de su muñeca donde le había tocado la vidente, escociendo como si le hubieran dado un calambrazo. Bella se la frotó distraídamente, con sus pensamientos desperdigados. Tendría que dejar todo, pero ¿conseguiría todo lo que había soñado? ¿Cómo podía ser eso posible? Apartó la preocupación con su encogimiento de hombres mientras salía precipitadamente del cuerpo y divisaba a Edward desapareciendo a la vuelta de una esquina.
Cuando las dos mujeres le alcanzaron en la sala de descanso de Publicaciones Roundhouse, Luc estaba sentado en una mesa, rodeado de fans.
Allison estaba haciendo señas a Kate para que se uniera a ellos al otro lado de la sala. Bella miró dubitativamente a su jefe y a Ed.
— Yo veré si Ed está bien. Tú puedes ir a ver lo que quiere tu jefe. —Sugirió Jodi, dándole un empujoncito en dirección al editor jefe.— No vamos a estar mucho más aquí, en cualquier caso. Están cerrando temprano para dar tiempo a todo el mundo a que se prepare para el baile de disfraces Renacentista y el banquete.
Oh, sí, pensó Bella mientras se acercaba a su jefe. Esta noche era el baile de disfraces.
* * * * *
Edward asintió solemnemente cuando el lector con el que estaba hablando se levantó y se fue a hablar con Jodi. Se estaba acostumbrando a hablar con los lectores. Al principio no se había esforzado mucho, pero la charla de Bella en su casa continuaba resonando en su mente, cómo, sin ellos, no le publicarían. Que él tocaba sus vidas, y que ellos sólo deseaban decirle eso. Había aprendido a responder de una manera agradable a los embarazosos cumplidos que le regalaban, pero había encontrado que con poco esfuerzo los lectores se abrían más a él. Le decían cosas, le daban partes de ellos mismos que no sabía como manejar.
Una mujer le había dicho que acaba de perder a su joven hijo, que la vida le parecía desolada e interminablemente cruel pero que había encontrado evasión y esperanza en sus libros. Quizás la vida volviera a estar bien algún día. Entonces había forzado una risa y le había dicho que solo deseaba que el vampirismo fuera real, que si hubiera creído en ello, habría buscado por toda la tierra un vampiro que salvara a su hijo.
Edward había sufrido por la mujer. Había sentido cómo su dolor le alcanzaba y penetraba en su cuerpo. Sabía que no estaba bien pero no había sido capaz de simplemente dejarla ir. Se había deslizado en su mente y... no había borrado su dolor, pero lo había velado en alguna medida, aliviándolo para que los buenos recuerdos fueran más fuertes que los malos. Se había ido sonriendo.
Hoy había encontrado mucha gente herida. Una vez que se había abierto a ellos, parecía no poder volver a cerrarse. Pero había encontrado también mucha gente que era agradable. Había encontrado toda la experiencia interesante, por no decir algo más. Había escrito sus libros por razones puramente egoístas, había que reconocer la verdad. Pero ahora veía que los libros estaban tocando las vidas de muchos otros. Eso le hizo querer probar su talento con ficción genuina, algo que nunca había considerado. Había comenzado su vida como una guerrero. Después de unos cientos de años se había vuelto algo así como un libertino. Cuando se había cansado de eso, se había vestido con los ropajes de un personaje estudioso y se había sepultado en la historia. Quizás era hora de buscarse una profesión más creativa. ¿Pero sería bueno en ello?
— Okey. Hora de irse. —Bella apareció repentinamente a su lado.— Allison está cerrando la sala de descanso más temprano para que todo el mundo tenga tiempo suficiente para prepararse para el baile Renacentista.
Edward dio un suspiro de alivio. Los otros escritores parecieron hacerse eco. Aunque era gratificante hablar con los lectores, también era agotador. Edward estaba sorprendido por lo exhausto que se sentía.
Mientras caminaba con Bella hacia el ascensor, se recordó a sí mismo el alimentarse antes del baile. Era absolutamente necesario. Esto llevó sus pensamientos al asunto del baile. Un baile del Renacimiento.
Bueno, él tenía recuerdos muy agradables de esa época. Por esa razón, Edward estaba seguro de que el baile de la noche sería divertido.
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